Muy pocas voces se alzan para gritar a los cuatro vientos, sin complejos y sin temor, cual es el verdadero origen de este desastre económico en el cual nos encontramos. Felizmente, una de ellas es la de nuestro queridísimo Papa, que Dios le mantenga la fuerza.
Sí, es cierto, existen multitud de parámetros que sin duda nos ayudaran a entender porque el crecimiento es negativo, porque hay un aumento del déficit y porque no existe productividad en este país. Pero estas razones no son ni de largo, el centro del problema. Para siquiera poder empezar a aportar un poco de luz, hay que realizar una mirada introspectiva, hay que realizar un sincero análisis de conciencia. Partiendo de ahí, nos será fácil adivinar que la deriva que está tomando el hombre actual es sencillamente el motivo de nuestra propia destrucción. Hemos desvinculado totalmente del hombre y de su vivir cotidiano la idea de Dios y no contentos con eso, la hemos asociado al concepto de retroceso: todo lo que huele a Dios es decadente y triste. ¿Conoce alguien mayor estupidez e insensatez que la de intentar vivir al margen de tu creador y perseguirlo?
Toda esta deriva está provocada por la soberbia y por la falsa autosuficiencia que impera en el hombre actual, haciéndole creer únicamente en su individualidad. Pues bien, toda la suciedad moral que habita como pliegue de nuestro espíritu y que ya ni siquiera nos ruboriza al volverse casi un sello de identidad habitual, está embarrando y enfangando la actividad humana hasta tal punto, que es muy dudoso considerar que hasta exista lo que llaman desarrollo humano o progreso. Actualmente, nos venden muchas clases de desarrollo, desde el sostenible que no es más que el desarrollo que sostiene los gastos y caprichos de una clase solidaria sólo para con ellos mismos; hasta el desarrollo de la mujer que no es más que encumbrarla en su propio egoísmo, convirtiéndola en un ente sin entrañas, capaz de asesinar, sin pestañear, a su propio hijo, esgrimiéndolo como un derecho. Y así cientos de falsos desarrollos y crecimientos o progresos del hombre que están basados en el egoísmo y que como no tienen la raíz profunda anclada en la única verdad que es Dios, pues no sirven si no para que el ser humano se precipite cada día más y más hacia su propia perdición.
Y la economía está manejada por el hombre y si este está podrido, pues es razonable pensar que ésta acabe marchitándose. Tronco con podredumbre, ramas secas. Puede parecer este un análisis oscuro y pesimista de la realidad que nos envuelve, pero es a la postre circunstancial, pues lo más determinante, es la capacidad que tenga el hombre de volver su mirada hacia Dios- Amor. El universo está bañado en Dios y eso se aprecia continuamente y en cualquier lugar del mundo, pero hay que dejar que te embriague su aroma, que te envuelva su fragancia. Es fácil: ama y ora, sonríe y entrégate. Ya es tiempo de despertarse de la siesta, ya no es de orinal y de pijama, como decía aquel iracundo escritor, sino más bien se está convirtiendo en una siesta de caja de pino y olvido. No debemos refugiarnos en la pesadumbre y quedar cabizbajos esperando un cambio que venga de lo alto. El cambio ha de ser activado por nosotros mismos y guiado por el Espíritu Santo. Plasmemos el Evangelio en nuestras acciones cotidianas, cada uno en su sector y en la medida de sus posibilidades. En el plano económico, quien tenga la responsabilidad de tener trabajadores a su cargo, que los trate con respeto y sin mediar explotación; quien tenga recursos suficientes que sepa que no sólo son para su bienestar y recreo sino principalmente para ejercer la caridad, como las revelaciones del Sagrado Corazón de Jesús a Sor Josefa Menéndez así lo indicaban. Mucha gente alardea de que es del Real Madrid o del Barcelona, como si eso fuera algo trascendente. Si muy bien, a mí también me gusta el futbol (aunque sea del Athletic de Bilbao), pero no deja de ser un entretenimiento. Yo soy Católico, Apostólico y Romano y por supuesto Mariano y desde ahora esa va a ser mi verdadera identidad, y tengo la responsabilidad de hacerme oír, para que el mundo se entere: Jesucristo te espera.
25 de Mayo de 2010
Jesús María Martín