GOCJ


 

 

 

Sobre el aborto

                Me llamo Sandra, tengo 27 años y soy madre de 3 niños, Pablo (3 años y medio), Andrea (21 meses) y Sara (3 meses). Cuando me quedé embarazada de Pablo, con 2 semanas de falta de la regla tuve que ir al hospital porque no paraba de vomitar, y recuerdo perfectamente cuando me hicieron una ecografía cómo se veía el corazón, una cosita diminuta que parpadeaba, con 2 semanas de falta y ¡ya tenía corazón! El año pasado se aprobó en España la nueva ley del aborto, que permite abortar libremente hasta las 14 semanas, en esta semana el bebé tiene mucho más que el corazón formado, mide ya 10 cm, todas las estructuras básicas de su cuerpo están ya formadas, ¡y todavía hay quién dice que eso no es una persona!.
                Dice el Dr. Jerónimo Lejeune (uno de los más brillantes investigadores franceses, Catedrático de Genética en la Universidad de Soborna de Paris, y director del Centro Nacional de Investigación científica): “Aceptar que después de la concepción un nuevo ser humano ha empezado a existir, no es ya cuestión de gusto o de opinión, sino una evidencia experimental”.
                A los que dicen que los antiabortistas son gente con poca formación, o gente de la Iglesia, con “ideas atrasadas”, les podría escribir un folio entero con frases como ésta, de científicos de lo más destacados con bastante formación. 
                Me mandaron un mail hace unos meses que me hizo mucha gracia, dice “Un judío, independientemente de su edad, es claro que es un ser vivo; ahora bien no puede afirmarse que sea un ser humano, no hay base científica para ello”  (Adolph Hitler, 1939).
                A continuación una frase del gobierno de España: "Un feto es un ser vivo, pero no puede afirmarse que sea un ser humano porque eso no tiene ninguna base científica". ¿Veis la similitud? Creo que no hacen falta comentarios.
Nos han vendido la idea de que el aborto es la solución para muchas madres solteras, sin recursos, con muchos problemas, pero en el fondo es la puerta al egoísmo. El otro día fui al pediatra con mis hijos, y cuando salí, una pareja de ancianitos me preguntó asombrados, pero, ¿son los 3 tuyos?, yo les contesté que sí, a lo que la mujer me respondió, ¿ya pararás no?  Ésta frase me la dicen por la calle, por el supermercado, en el parque, o donde sea como 1 o 2 veces por semana  (y me pone bastante nerviosa he de reconocer), le contesté con retintín, pues no, los que Dios quiera, ¿no le parece?.  Seguro que la mujer no estaba esperando esa respuesta porque por desgracia casi ya no se ven familias grandes, la gente se asombra, ¡y solo tengo tres!. Pues se alegró de mi respuesta y me dijo, pues me parece muy bien, yo tengo una sobrina que tiene solo un niño de 12 años y se quedó embarazada, entonces pensé que me iba a decir que lo perdió y que no se había podido quedar más embarazada, qué mala suerte, pero mi sorpresa fue cuando me dijo que había abortado. Como sólo quería tener un hijo y seguir con el nivel de vida que hasta ahora tenía, de coches lujosos, vacaciones similares, etc, pues decidió no complicarse.
                Ante esto uno se queda sin palabras ¿verdad? Es cierto que un niño te lleva a muchos sacrificios, y que te complica la vida, ¡pero para mejor! Dios nos ha hecho para cosas grandes, y la maternidad es una de ellas, a veces incluso heroica, pero la recompensa, iba a decir será, pero también es eterna, desmesurada.
                También me decía ésta señora, que me lo hubiese dado a mí, ¿no te parece? Y qué diferencia entre la generosidad de 2 generaciones anteriores a la nuestra a la generación actual, ésta señora con ochenta y pico años se hubiera hecho cargo de la criatura, y su madre, por comodidad, no. Decía también es que no tiene perdón de Dios, y sí, Dios lo perdona todo, incluso algo tan grave como esto si hay arrepentimiento, pero ¿nos damos cuenta de la gravedad de esto? Miles de abortos al año, España a la cabeza de los países con menor índice de natalidad.
                Le pido a la Virgen que nos de un corazón generoso y que nos ayude a salir en ésta cultura de muerte en la que estamos metidos.

Sandra Sánchez

 

Persecución de los Cristianos

                Hoy he vuelto a ver una gran película. Es posible que no tenga un milimétrico rigor histórico, pero esto carece de importancia si refleja con claridad meridiana la esencia de aquellos tiempos………………me estoy refiriendo a Quo Vadis. En ella se muestra claramente la persecución que el malvado emperador Nerón infringió a los Cristianos y se aprecia como éstos morían con alegría y con el espíritu de Dios en sus corazones. Con miedo, sí, pero con fe y con esperanza.  La persecución por parte del Emperador es audaz y sin piedad, acusando a los Cristianos de acciones infames que nunca jamás cometieron, como el incendio de Roma. Nerón emperador, bañado en su propia infamia y encumbrado a los altares del egocentrismo y la ignominia, extermina a los Cristianos, esperando, que después del aniquilamiento ni siquiera la misma historia pueda recordar quien fue este grupo que tenía por líder a un tal Jesús de Nazaret.
                Pero he aquí que la historia, gracias a Dios, ha dado su veredicto. Los Cristianos fueron perseguidos y su sangre no ha quedado olvidada. Y por supuesto, más de 1900 años después del reinado de Nerón, todavía se recuerdan como lo que fueron: una matanza. Y viendo como la historia hace justicia,  me surgen algunas preguntas. ¿Sabrá la generación actual que la matanza de cristianos se está volviendo a producir y que lleva ya muchos años sucediendo?, ¿sabrán los jóvenes que 500 granjeros cristianos nigerianos fueron asesinados en marzo del 2010 por motivos de fe?, ¿estarán enterados los defensores de la ley de libertad religiosa española que casi 60 fieles fueron asesinados en la Iglesia de Nuestra Señora de la Salvación en Bagdad?, ¿han oído hablar del obispo Luigi Padovese, vicario apostólico de Anatolia y presidente de la Conferencia Episcopal Turca (CET), asesinado en el jardín de su casa a cuchilladas?, ¿Saben que el 80% de los perseguidos por creencias religiosas son cristianos?......................¡Que Dios bendiga a estos mártires de la verdadera fe!. Sepamos escudriñar en los tiempos que nos ha tocado vivir. No seamos timoratos a la hora de defender nuestra creencia, nuestra fe, nuestro amor a Jesucristo y a su Madre María. No tengamos miedo de gritar a los cuatro vientos: Soy Cristiano, Apostólico, Romano y Mariano………………………..(no, no, Señora Ministra de Sanidad, no me estoy refiriendo a Rajoy). Aprendamos de esta buena gente, gente sencilla que simplemente ama a Dios por encima de su propia vida: “Amaras a Dios sobre todas las cosas” y no te olvides de lo que sigue: y “al prójimo como a ti mismo”. Difícil, pero con la ayuda del Espíritu Santo todo es posible.
¡Quien me iba a decir a mí que iba a terminar amando a Rubalcaba!………………….  

Jesús Martín Fonfría

 

San Juan Macías, un Santo y Apóstol Extremeño en América

                San Juán Macías, es hasta ahora, el único misionero extremeño canonizado por la Iglesia Católica. Nace en Ribera del Fresno (Badajoz) el 2 de Marzo de 1.585, a los cinco años,  Juan, ha perdido a su padre y a su madre y pasa a vivir con sus tíos junto con su hermana Inés, que sólo contaba dos años de edad.
                De su madre, aprendió el Padrenuestro el Ave María y el Gloria ¡preciosa herencia! Además, conservó  siempre su rosario, del cual jamás se separó.
                Sus tíos carecían de recursos económicos, por lo que Juan comenzó a trabajar desde niño en el oficio de pastor.  El recordará, más tarde, esa etapa como apacible...todo ello favoreció que fuera un contemplativo de la naturaleza desde la salida del sol hasta el atardecer.
                En el ocaso de su vida, El mismo contó a su Director Espiritual (Padre Gonzalo García) este tierno relato: "Estando yo guardando un poco de ganadillo de mi amo, en una dehesa, llegó a mí un día un niño que me pareció sería de mi edad. Me saludó diciendo: Juan estás en buena hora. Yo le respondí con lo mismo y prosiguió  su plática diciendo: Yo soy Juan Evangelista, que vengo del cielo y me envía Dios para que te acompañe, porque miró tu humildad.
                No lo dudes, y Yo le dije ¿pues quien es San Juan Evangelista? Y me respondió el discípulo amado del Señor. Vengo de buena gana porque te tiene escogido para sí.
Téngote de llevar a unas muy remotas y lejanas tierras donde te han de levantar templos...Yo respondí: Hágase en mi la voluntad de Dios que Yo quiero lo que El quiere. Fuese San Juan Evangelista y despidese de mi."
                San Juan Evangelista se convirtió desde entonces en su amigo fiel, guía y protector...Y así  convencido de la voluntad de Dios, comunica a sus tíos una Nochebuena su deseo de partir hacia esas tierras prometidas por el discípulo amado de Jesús. Contaba entonces veinte años de edad. Mucho tuvo que sufrir este santo hasta que llega a América...trabaja y deambula entre Sevilla y Jerez de la Frontera, y así pasan diecinueve años en los que sufre la soledad, malos tratos, inestabilidad laboral...Todo lo ofrece para salvar almas..Sin  nunca perder la serenidad, ni el rosario de su madre que rezaba a todas horas...Dios  cuidaba de sus entradas y salidas.  Por fin, conoce a un rico comerciante con el que hace amistad, pasando a trabajar con Él y embarcándose rumbo a América. En la travesía, el inocente extremeño, tuvo que soportar en silencio las groserías e insultos de los rudos marineros. Pero nada le inmutaba y lo soportaba todo por amor a Jesús.
                Tras cuarenta días de navegación, desembarcan en Cartagena de Colombia, siendo despedido de su trabajo nada más llegar a tierra. Aquel día, solo,  Juan entra en una iglesia de los dominicos y ante la Virgen María se puso a rezar su rosario...Su amigo Juan Evangelista le manda a Perú por tierra y así, nuestro peregrino, emprende de nuevo una travesía dura, hasta llegar a Lima, pasando por muchos  peligros.
                Juan Macías llegó a Lima, cansado, sudoroso y andariego, y se dirigió al convento de Santísimo Rosario de los dominicos, donde era  portero San Martín de Porres, iniciándose entre ambos una bonita amistad que habría de producir frutos de santidad.  El mismo San Martín de Porres le busca un trabajo como pastor a Juan Macías...y así, otra vez, retorna a su antiguo oficio,  pero ahora en América. Prosperó, en dos años mucho el extremeño. Su amo estaba tan contento que le duplicó el salario.  Pero esa aún, no era la tierra prometida por Dios y por su amigo Juan Evangelista. El discípulo amado se le aparecía cuando menos lo esperaba y  así se lo indicó, orientándole en su vocación religiosa.
                 Cuando Juan conoció lo que Dios quería de Él, no duda en cambiar su apacible soledad de pastor por la vida de la comunidad. Entra como dominico en la Recoleta...donde resuena la voz  de San Juan Evangelista "de que el Señor te tiene escogido para sí..."¡Por fin  esa es la tierra prometida!...San Juan es recibido como hermano y por no ser hombre de letras y no tener edad de aprender, el extremeño desempeñará desde entonces el cargo de portero en el convento.
                San Juan Macías es el prototipo de los santos devotos del rosario. Desde su infancia aprendió a gustar esta oración mamando la leche materna.por eso la iconografía le representa siempre con su rosario. Al final de su vida revelará al Prior del Convento que por la misericordia de Dios, con el rezo del santo rosario ha librado un millón cuatrocientas mil almas del purgatorio.Muchas veces mientras rezaba, oía sus súplicas que le increpaban para que las sacase de esa terrible soledad, por lo que también es conocido como "el ladrón del purgatorio".
                San Juan Macías, realizó en vida muchos milagros de todo tipo, curaciones de enfermos. Así, a una niña atropellada por unos caballos, que corrían desbocados, moribunda se la llevan a la portería, reza por ella, invoca al Señor y la devuelve a sus padres como si acabara de despertar de un sueño.  Aún, en el convento del Santísimo Rosario de Lima, está escrito en una de las habitaciones "esta es la viga madre que hizo crecer milagrosamente el venerable siervo de Dios Fray Juan Macías". Era la viga maestra de una habitación nueva para el convento, el carpintero se confundió y cortó más de la cuenta, mientras discutían,  el santo oye las voces. Acude y les reprende por no tener confianza y hace de nuevo colocar la viga en su sitio, ahora la viga no solo ha crecido, sino que tiene las medidas exactas.  Y muchos más milagros, que demuestran el poder de intercesión que tienen los santos en el cielo,  como detener  un terremoto rezando su rosario ante la imagen de la Virgen.
                 En la portería del convento de la Recoleta socorren a todos los necesitados y San Juan Macías recorre todo los días la ciudad de Lima con su burrito en busca de ropa, alimento, medicina para sus pobres. Cuando no podía salir del convento arreaba a su burrito,  el cual iba parando en casa del panadero, taberna, farmacia. ¡Todos conocían el burrito de San Juan Macías!.
                 En Lima, la amistad de San Martín de Porres, San Juan Macías y Fray Pablo de la Caridad ha dejado una huella profunda y luminosa,  estos tres hombres, sin estudios, sin números  y  sin letras, supieron socorrer a todos los necesitados. Se  las ingeniaban para ayudar a niños, mujeres, indios marginados, esclavos y enfermos. Y, aunque no lo llamasen de esta forma en aquella época, crearon verdaderos centros de asistencia social.
                 San Juan,  era consciente de que a pesar de su modesta condición de portero del convento, Dios obraba a través de El maravillas, y así, obtenía numerosas conversiones. Le preocupan aquellos que por buscar oro en América perdían su alma y  lo hacía constar. Verdadero conocedor del alma humana, sabía cuando alguien le mentía y no se dejaba engañar.
                Sesenta años contaba Fray Juan cuando le visitó la enfermedad que le llevó a la tumba, su amigo Fray Juan de la Torre no quería que le olvidara y El le dijo " padre mío, donde la caridad es más perfecta ¿cree su reverencia que le he de olvidar? Le doy mi palabra que allá le seré mejor amigo que lo fui acá."
                Hoy, el cuerpo de este Santo extremeño reposa incorrupto en Lima...Como un ejemplo vivo y una llamada  a la conversión. Su vida está llena de ternura, simplicidad, humildad, confianza  bondad y pureza....que Dios ha querido premiar. Tomemos ejemplo de este misionero y apóstol de América.

 

Tesoros de la Iglesia Española: Virgen de Guadalupe (Parte I)

                Entre los miles de advocaciones con que todas las generacioneshonran a Nuestra Señora, la de Guadalupe no es una más, sino que tiene una preeminencia evidente, fruto de numerosos hechos singulares a lo largo de la historia que manifiestan una predilección especial del Cielo.
Antes de bucear en la historia milenaria de esta advocación, podemos comenzar por profundizar en el significado del nombre, ya que como ocurre en muchos otros sitios de la Biblia, el nombre tiene relación con la misión y el mensaje que se quiere transmitir.

                El nombre Guadalupe procede del toponímico del río Guadalupejo, de origen árabe, adyacente al lugar en que aparece la talla de la Virgen. El sentido del comienzo del nombre procede de la palabra árabe “guad” que significa río. “Lupejo” procede del latín lux speculum (o lucis speculum), con la pérdida frecuente de la s, y significa espejo de luz. La razón de la desaparición de la partícula final “jo” es simplemente evitar la concordancia con elsufijo –ejo que en ocasiones tiene cierto carácter despectivo. En resumen, Guadalupe significa, “río espejo de luz”.

                En efecto, la Virgen es Madre de Jesucristo, que es “la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo” (Juan 1, 9). Un espejo porque en ella se cumplen a la letra las palabras de la Sabiduría: “es un reflejode la luz eterna, un espejo sin mancha de la actividad de Dios, una imagen desu bondad” (Sabiduría 7, 26).

                La historia de la advocación de Guadalupe se inicia con los albores del cristianismo, por supuesto sin tener aún la denominación formal de Guadalupe, ya que el nombre lo recibe tras la aparición de la imagen tallada, en Extremadura hacia el año 1315. Conocemos esta primera etapa a través de informaciones dignas de crédito transmitidas por documentos hallados junto a la talla de la Virgen, que se transcriben en otros de la época y posteriores. En ellos se da la noticia de que la talla es obra del evangelista San Lucas.

                Desde antiguo se conocen obras artísticas en distintas partes del mundo, tanto pinturas como esculturas, que la tradición atribuye a la mano de San Lucas. La Tradición señala que sus obras literarias y plásticas fueron realizadas mientras escuchaba de labios de la Virgen aquellos episodios de la historia de la Redención. Algunas de las obras pictóricas que la tradición atribuye a San Lucas son iconos muy significativos por lo extendido de su devoción. Así por ejemplo, la Madonna Salus Populi Romani que preside la Basílica de Santa María la Mayor en Roma o la Virgen de Czestochowa en el santuario polaco de Jasna Gora.

 

                La tradición de todas estas obras les asigna un camino común hacia Occidente que parte de Jerusalén, y pasa por las manos de Santa Elena y su hijo el emperador Constantino, hacia finales del siglo IV.

                El evangelista murió a la edad de 84 años en Beocia y fue enterrado en Tebas. Desde allí, como refiere san Jerónimo (cf. De viris ill. VI, I), sus huesos fueron transportados a Constantinopla, a la basílica de los Santos Apóstoles, por el emperador Constantino hacia el año 384. La tradición indica que San Lucas mandó ser enterrado junto a la imagen de nuestra Señora que él mismo había confeccionado. Cuando sus huesos sufrieron aquel primer traslado, el emperador Constantino se hizo cargo de aquella talla. En la capital del imperio bizantino fue venerada la imagen durante casi dos siglos.

                Hacia el año 582, coincidieron varios meses en la corte del emperador Justino II dos personajes en sendas misiones diplomáticas. Uno era Gregorio, enviado del Papa Pelagio II y otro era Leandro, obispo de Hispalis, enviado por Hermenegildo virrey visigodo de la Bética. Entre ellos surgió una fuerte amistad, que mantuvieron en adelante a través de una abundante correspondencia. Al volver Gregorio de su misión a Roma, el emperador le dio como obsequio aquella talla de la Virgen esculpida por San Lucas.

                Unos pocos años después, en el año 589, se declara una terrible peste en Roma. El mismo Papa Pelagio II, muere de esta enfermedad y dado lo caótico de la situación, se tardan varios meses en nombrar sucesor del Papa. Gregorio, como diacono mayor de la ciudad da las órdenes y convoca un periodo de oración y penitencia para implorar el final de la plaga. Como colofón de este periodo de penitencia, se organiza una procesión el día de Pascua, que parte de las siete Iglesias principales, marchando cada una con su respectiva imagen. Entre ellas, se encuentra la talla de la Virgen que ha recibido Gregorio como regalo del emperador. Al pasar la comitiva por el castillo de Santangelo, todos ven a un ángel enfundar una espada flameante y se oyen cantar las tres primeras estrofas de la oración Regina Coeli. Desde ese instante cesan las muertes por causa de la peste y pocos meses después, se nombra a Gregorio Papa (después será conocido como San Gregorio Magno). La talla de San Lucas pasará entonces al oratorio privado del Papa.

                Entre tanto, en la península ibérica, se estaban produciendo acontecimientos decisivos para la consolidación definitiva de la fe católica. En el año 575, Hermenegildo, hijo del rey Leovigildo es nombrado virrey de la Bética. La influencia de su esposa que procedía del reino católico de los francos y del obispo de Hispalis (Sevilla) Leandro, hace que Hermenegildo se convierta al catolicismo. Su padre el rey Leovigildo deseoso de uniformar el reino bajo la herejía arriana, envía tropas que le vencen y envían prisionero a Tarragona. Allí, el 13 de abril del año 585, muere mártir degollado por no querer recibir la Sagrada Comunión de manos de un obispo
arriano. Sin embargo, el ejemplo de su sangre fructifica y el propio rey Leovigildo antes de morir al año siguiente aconseja a su hijo y sucesor Recaredo que se convierta al catolicismo. De este modo, el obispo San Leandro convoca el III Concilio de Toledo en el año 589 con el que termina oficialmente la herejía arriana en el reino visigodo.

                Poco tiempo después, el Papa Gregorio decide regalar aquella imagen de la Virgen a su amigo el obispo Leandro de Híspalis. Aprovecha para realizar el traslado a Andalucía un viaje a Roma de su hermano y sucesor más tarde en la sede de Híspalis, el santo obispo Isidoro. Hacia el año 592 llega la talla a la ciudad de Híspalis y se entroniza solemnemente en lugar destacado de su Iglesia mayor. Allí recibió la veneración de los sevillanos durante unos 120 años.

                Hacia el año 714, la invasión musulmana, comenzada tres años antes, se asienta en la Península Ibérica. Al igual que hoy en día en las naciones musulmanas, la dificultad para mantener el culto público de los católicos se hace insostenible y obliga a un grupo de sacerdotes sevillanos a trasladar hacia el norte la imagen, que por entonces ya era la Virgen más venerada de Sevilla y esconderla con dignidad bajo tierra, a unos 220 km, en la comarca extremeña de las Villuercas junto al río Guadalupejo.

                Seiscientos años más tarde, en otras condiciones sociales y faltando aún doscientos años para finalizar la ocupación musulmana de la Península Ibérica, reaparecerá en forma milagrosa aquella talla. Con la reaparición de la histórica, y ya milenaria talla en Extremadura, comienza una nueva etapa de la advocación, en la que tomará su nombre de Guadalupe con que el que desde entonces se la conoce. Su templo en esta apartada región llegará a ser el más visitado de toda Europa por los peregrinos de varios siglos. La difusión de su devoción a partir de entonces llegará a todos los confines de la tierra, porque su mensaje alude a todos los hombres.

                El como se produce este descubrimiento milagroso, y  el desarrollo posterior de la devoción en el Monasterio, lo dejamos para el siguiente articulo.

 

SAN RAFAEL ARNAIZ, PATRONO DE LA JMJ 2011

                Es para mi una gran alegría que mi querido Rafael haya sido elegido patrono de la JMJ 2011, junto a otros santos españoles, más conocidos, como son Santa Teresa de Jesús o San Francisco Javier. Estas líneas que siguen tratan de acercar la vida y espiritualidad de este joven santo a quienes quieren conocer más a quien tuvo por lema de su vida “solo Dios”, y que ya el Papa Juan Pablo II el 19 de agosto de 1989 lo propuso en la JMJ celebrada en Santiago de Compostela como modelo para la juventud.

                Rafael Arnáiz Barón nace en Burgos el 9 de Abril de 1911, donde también recibió el bautismo y la confirmación, en el Colegio “El Jesús”.  

               Allí mismo inició los estudios en el colegio de los PP. Jesuitas, recibiendo por primera vez la Eucaristía en 1919. Como comenta el Rvdo. Padre Pascual Arroyo, SJ, precepto del Colegio donde estudio Rafael en la ciudad donde nació, “desde el primer instante se capta las simpatías del colegio todo, y es el centro alrededor del cual gira la alegría que sabía infundir a sus compañeros”.

                Dotado de una precoz inteligencia, ya desde su primera infancia daba señales claras de su inclinación a las cosas de Dios.

                Cuando Rafael contaba 11 años de edad, se traslada con su familia a Oviedo.  Allí, junto a sus hermanos Luis Fernando y Leopoldo ingresa como externo en el colegio de la Compañía de Jesús, aquel colegio que él tanto amó. En el año 1926, a petición suya comienza a recibir clases de pintura y dibujo con D. Eugenio Tamayo, conocido paisajista, destacando  en el arte pictórico a lo largo de su corta vida, matriculándose en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid el día 26 de abril de 1930, exactamente 8 años antes de su muerte.

 

                “Me levanto todos los días a las 7:30 h. de la mañana, podéis creerlo o no creerlo, pero es la verdad, pues antes tenía la buena costumbre de ir a comulgar todos los días, y he comprobado que empezando el día entregándote en manos de Dios sale todo mucho mejor, el estudio aprovecha más, y si no fuese por el Amo que tanto me ayuda, yo no serviría para nada”.

                En julio de 1930, invitado por su Tío Polín, Duque de Maqueda, hace una visita relámpago al Monasterio de San Isidro de Dueñas, austero monasterio cisterciense cercano a Palencia, “pero sin sospechar, aún ni remotamente, como los designios de Dios habían de llevarle a terminar allí su días” (Un secreto de la Trapa, 85-86).

                Rafael volvió a visitar otra vez el Monasterio en septiembre de ese mismo año de 1930, llevando una carta de recomendación del duque de Maqueda.

                Muy por encima de todos los pequeños detalles que impresionan al visitante, hay un “algo”, un “no se qué”, que si no se tiene fe, no se llegara nunca a comprender… en la Trapa ocurre lo del dicho vulgar: “todos pueden mirar, pero son pocos los que ven”.

                “Lo que yo vi y pasé en La Trapa, las impresiones que tuve en ese santo monasterio no se pueden, o por lo menos, yo no sé explicarlas y solamente Dios lo sabe”.

                “Desde este momento es cuando yo comencé a ver y a sentir una íntima vergüenza de mí mismo, cuando al entrar a saludar al Señor en la Iglesia, vi a los monjes cantar en el coro, y aquel altar con aquella Virgen, vi el respeto que tienen los monjes en la Iglesia, y sobre todo, oí una Salve que… querido tío Polín, sólo Dios sabe lo que sentí…yo no sabía rezar”.

                Durante el año 1933 realiza el servicio militar, y tal y como nos cuenta su hermano Luis Fernando, tuvo una gran ascendencia entre sus compañeros: “Durante el servicio militar, cuando le tocaba hacer la guardia en la parte trasera del Palacio Real, me decían sus compañeros: “no sé qué es lo que tien tiene tu hermano, asómbrate que a las ocho o nueve de la noche nos hace rezar el rosario en plena guardia, y puedes creernos que lo rezamos a gusto, sin hacernos violencia alguna”.

                Rafael decide entrar en la Trapa, en la carta de petición al P. Abad le dice: “No me mueve para hacer este cambio de vida, ni tristezas, ni sufrimientos, ni desilusiones y desengaños del mundo… si me recibe en la comunidad con sus hijos tenga la seguridad de que recibe solamente un corazón muy alegre y con mucho amor de Dios”, y el 15 de enero de 1934 Rafael llega al Monasterio de San Isidro de Dueñas. Un mes después escribe a su madre: “Hace solamente una hora que tu hijo ya no es Rafael a secas, se llama “Fray María Rafael”… “Fray” que quiere decir hermano. Estoy muy contento hoy me han dado el hábito; me he emocionado mucho y no hago más que bendecir a Dios que tanto me quiere”. “Ya estoy todo de blanco, cada vez me convenzo más que la Trapa la ha hecho Dios para mí y a mí para la Trapa, ya puedo morir contento…ya soy trapense”.

                Sin embargo, “cuando era más feliz en la Trapa… dice Jesús: Ahora una enfermedad y afuera”. Y Rafael salió por primera vez el 26 de mayo de 1934, tras cuatro meses y once días en el monasterio, más muerto que vivo, debido a a una enfermedad que ya no le abandonaría nunca, una diabetes mellitus.

                En un primer momento Rafael quedó profundamente afectado y espiritualmente desorientado: “Yo era demasiado feliz en la Trapa; la prueba que me ha exigido es dura, pero con su auxilio saldré adelante: he puesto la mano en el arado y no puedo mirar atrás”.

                Pasan dos años y medio y Rafael vuelve a la Trapa, el 11 de enero de 1936, pero en condición de oblato, sin voz ni voto, sin derechos ni obligaciones jurídicas, consciente de que no podría seguir la estricta vida monástica, y escribe una de sus obras, Meditaciones de un trapense.

                En septiembre de ese mismo año de 1936 sale por segunda vez del Monasterio, con otros jóvenes que fueron llamados a filas, pero por su enfermedad fue declarado inútil total para el servicio, y escribe: “es muy duro verse relegado a un rincón del mundo, sin servir para nada. Cumplo su voluntad, mi camino es ese: “oblato enfermo…, e inútil para luchar por Dios y por España”.

                Y Rafael volvió por tercera vez al monasterio, el 6 de diciembre de 1936. Dos días después empieza a escribir “mi cuaderno”, pero las circunstancias del Monasterio serán muy distintas a las que había antes de la guerra: falta el enfermero, la situación alimenticia empeora y la enfermedad vuelve a recrudecerse, el 7 de febrero de 1937 abandona por tercera vez el Monasterio.

                Marcha a un pueblecito de Burgos, Villasandino, donde sus padres tenían unas fincas y una casa, y permanecerá allí diez meses. Dios quería mucho a Rafael, probando su temple y su fortaleza de alma, vuelve a la pintura y a la música, pero Rafael tenía prisa. A finales del mes de noviembre escribe una larga carta al hermano enfermero, que trataba de disuadirle de que no volviera tan pronto al monasterio, pero contesta: “Voy Señor, no me importan mis dolencias, ni la muerte, ni comer, ni dormir… no me importa que el camino por donde me lleves sea difícil, sea abrupto y esté lleno de espinas. No me importa si quieres que muera contigo en una cruz… Voy, Señor, porque eres Tu el que me guía… el único que llena mi alma”.

                Y el 15 de diciembre de 1937, Rafael se fue para siempre de la casa de sus padres. No había que hacer equipajes, pues nada poseía. Su Rosario, su oficio y su crucifijo en un bolsillo del pantalón en el que le acariciaba a escondidas del mundo. Era la cuarta vez que volvía al monasterio, para no salir ya más de él. Al día siguiente comienza a escribir “Dios y mi alma”.

 

                Pasaron los días, y el P. Abad, como privilegio especial le vistió la cogulla el domingo de Pascua, 17 de abril de 1938. El jueves de Pascua, 21 de abril de 1938, llega a la Trapa el padre de fray María Rafael. Iba a ver a su hijo. Nunca le había visto con mejor color en las mejillas y con más brillo en las pupilas. Lo que no podía sospechar el padre es que en la despedida, abrazaba al hijo por última vez.

                Al día siguiente, cayó en cama para no levantarse más. Su alma ansiaba elevar el vuelo hacía Dios: “no tardes Señor… mira que tu siervo Rafael tiene prisa de estar contigo… de ver a María. Mi fin está próximo. Muy pronto marcharé al cielo”.

                Y hacía las seis de la mañana del día 26 de abril de 1938, Fray María Rafael moría de amor a Dios. Había escrito: “nada de lo que tiene fin es grande”.

 

Pensamientos del Hermano Rafael.

¡Ah!, buen Jesús,..., si los hombres supieran lo que es amarte en la Cruz...! ¡Si los hombres sospecharan lo que es renunciar a todo por Ti!.

¡Ah! Si el mundo supiera lo que es mi vocación en la Trapa... Si supieran ver la Cruz detrás de una pacífica sonrisa, si supieran ver las enormes luchas detrás de la paz conventual... Pero no, eso no deben verlo... Sólo Dios. Bien está así.

Ama con locura lo que el mundo desprecia porque no conoce, adora en silencio esa Cruz que es tu tesoro sin que nadie se entere. Medita en silencio a sus pies, las grandezas de Dios, las maravillas de María, las miserias del hombre del que nada debes esperar... Sigue tu vida siempre en silencio; amando, adorando y uniéndote a la Cruz... ¿qué más quieres?

Bendito Jesús, ¿qué me enseñarán los hombres, que no enseñes Tú desde la Cruz?

Callemos a todo, para que en el silencio oigamos los susurros del amor, del amor humilde, del amor paciente, del amor inmenso, infinito que nos ofrece Jesús con sus brazos abiertos desde la Cruz.

Callemos a todo, para que en el silencio oigamos los susurros del amor, del amor humilde, del amor paciente, de amor inmenso, infinito que nos ofrece Jesús con sus brazos abiertos desde la Cruz.

Debemos poner una sonrisa delante de cada cruz, de modo que nosotros vivamos esa cruz pero que los demás solo vean la sonrisa.

Déjame vivir al pie de tu Cruz sin pensar en mi, sin nada querer ni desear, más que mirar enloquecido la sangre divina que inunda la tierra...
 
Déjame, Señor, llorar, pero llorar de ver lo poco que puedo hacer por Ti, lo mucho que te he ofendido estando lejos de tu Cruz... Déjame llorar el olvido en que te tienen los hombres, aún los buenos... Déjame, Señor, vivir al pie de tu Cruz... de día, de noche, en el trabajo, en el descanso, en la oración, en el estudio, en el comer, en el dormir..., siempre... siempre...

Qué lejos veo el mundo, cuando pienso en la Cruz. Qué corto se me hace el día cuando lo paso con Jesús en el Calvario. Qué dulce y tranquilo es el sufrimiento pasado en compañía de Jesús crucificado.

Dios me quiere, y me lo demuestra porque me quiere como es Él... clavado en la Cruz.

El camino dulce de la Cruz..., es el sacrificio, la renuncia, a veces la batalla sangrienta que se resuelve en lágrimas en el calvario, o en el huerto de los Olivos; el camino, Señor, es ser el último, el enfermo, el pobre oblato trapense que a veces sufre junto a la Cruz.

El mayor consuelo es no tener ninguno.

El que ama a Cristo, ama su Cruz.

En el mundo se lloran intereses materiales, viles y deleznables... En el mundo se llora poco por Cristo. En el mundo se sufre poco por Dios.

Enséñame a padecer con esa alegría humilde y sin gritos de los santos... Enséñame a ser manso con los que no me quieren, o me desprecian... Enséñame esa ciencia que Tú desde la cumbre del Calvario muestras al mundo entero.

La lógica de las almas grandes es la locura de la cruz.

Mi alma sufre de verse privada de tus amores, sufre de verse en el encierro de este cuerpo miserable.

No busco consuelo, no busco descanso... Sólo quiero amar la Cruz..., sentir la Cruz..., saborear la Cruz.

¡Oh! Si el mundo supiera lo que es abrazarse de lleno, de veras, sin reservas, con locura de amor a la cruz de Cristo...!

¡Oh! si el mundo supiera lo que es abrazarse de lleno, de veras, sin reservas, con locura de amor a la Cruz de Cristo.

Cuánto tiempo perdido en pláticas, devociones y ejercicios que son santos y buenos..., pero no son la Cruz de Jesús, no son lo mejor...

Para entender la Cruz, hay que amarla, y para amarla hay que sufrir. Qué alegría tan grande es poder vivir al pie de la Cruz.

Qué tesoro tan grande es, el no ser nada, ni nadie..., el último... Qué tesoro tan grande es la Cruz de Jesús, y qué bien se vive abrazado a ella; nadie lo puede sospechar.

Saborear la Cruz... Vivir enfermo, ignorado, abandonado de todos... Solo Tú y en la Cruz... Qué dulces son las amarguras, las soledades, las penas, devoradas y sorbidas en silencio, sin ayudas. Qué dulces son las lágrimas derramadas junto a tu Cruz.

Si entras en agonía por Cristo, el mismo Cristo te enjugará tus lágrimas y te llevará la cruz.

Solamente a los pies de tu Cruz, viéndote clavado en ella, se aprende a perdonar, se aprende humildad, caridad y mansedumbre.

Tengo lo mejor que un cristiano puede tener... la Cruz de Jesús muy dentro del corazón.