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LEYENDA DE LA VIRGEN NIÑA
por Angélica Fuselli |
![Descripción: [Cogiendo flores de Theophile Louis Deyrelle]](cuentos_clip_image001_0001.jpg)
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Contaban las abuelas, y cuentan todavía
un recuerdo de infancia de la Virgen María.
Siendo niña, la Virgen fue al jardín a jugar.
Florecieron las flores para verla pasar...
Con sonrisa de cielo, la chiquita María
mirábalas a todas, y a todas sonreía...
Ellas, ingenuamente, le ofrecieron a coro
sus mejores encantos, todo un regio tesoro
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Cogiendo flores (detalle)
de Theophile Louis Deyrelle (1844-1923). ARC |
de frescura y fragancia, de alegría y colores,
que es patrimonio viejo, muy viejo, de las flores.
Habló la rosa y dijo: - "A mí la Primavera
me ha coronado reina... Si mil reinos tuviera,
con tal que complacer a la Virgen María,
¡los mil reinos, de hinojos, se los ofrendaría!"
Y asomaron los lirios, trémulos de blancura,
y asomó la azucena, como la nieve, pura,
y asomaron las dalias, con tiesura de diosas,
y las tiernas campánulas, menuditas y ansiosas,
sacudían sus cálices, brincando de alegría,
porque al pasar, la Virgen también les sonreía,
tan dulce, tan graciosa, tan cariñosamente,
que todas se animaron a besarle la frente.
Mas la Niña bendita no escogió. Vacilaba…
Mirábalas a todas..., y a ninguna cortaba.
De pronto, casi ocultas debajo de las hojas,
vió que había unas flores gimiendo sus congojas,
tan tímidas que apenas levantaban la voz.
Era si hablaran solamente con Dios…
Ya no dudó un instante. Llegó y con gesto breve,
cortó las florecitas con sus manos de nieve...
Las dalias y azucenas se pusieron celosas,
y celosos los lirios, campánulas y rosas,
mientras por el sendero lentamente volvía,
Violeta entre violetas, la Reinita María.
Y Dios, que hace a las flores nacer en los senderos
proclamó que los últimos serían los primeros. |
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EL HIJO, EL HIJO,
¿QUIÉN SE LLEVA AL HIJO? |
![[Galería del archiduque Leopoldo Guillermo (detalle) de David Teniers el Joven]](cuentos_clip_image001_0000.jpg)
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Un hombre rico y su hijo tenían gran pasión por el arte. Tenían de todo en su colección, desde Picasso hasta Rafael. Muy a menudo, padre e hijo se sentaban juntos a admirar las grandes obras de arte.
Cuando el conflicto de Vietnam surgió, el hijo fue a la guerra. Fue muy valiente y murió en la batalla mientras rescataba a otro soldado. El padre recibió la noticia y sufrió profundamente la muerte de su único hijo. Un mes más tarde, justo antes de la Navidad, alguien tocó a la puerta. Un joven con un gran paquete en sus manos le dijo al padre: “Señor, usted no me conoce, pero yo soy el soldado por quien su hijo dio la vida. El salvó muchas vidas ese día, y me estaba llevando a un lugar seguro cuando una bala le atravesó el pecho, muriendo así instantáneamente. El hablaba muy a menudo de usted y de su amor por el arte.”
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Ilustración de esta página: La galería del archiduque Leopoldo Guillermo en Bruselas (detalle) de David Teniers el Joven. 1651. Museo del Prado, Madrid |
El muchacho extendió el paquete: “Yo sé que esto no es mucho. Yo no soy un gran artista, pero creo que a su hijo le hubiera gustado que usted recibiera esto.”
El padre abrió el paquete. Era un retrato de su hijo pintado por el joven soldado. El contempló con profunda admiración la manera en que el soldado había capturado la personalidad de su hijo en la pintura. El padre estaba tan atraído por la expresión de los ojos de su hijo que los suyos
propios se inundaron de lágrimas. Le agradeció al joven soldado y ofreció pagarle por el cuadro.
“Oh no señor, yo nunca podría pagarle lo que su hijo hizo por mí. Es un regalo.”
El padre colgó el retrato arriba de la repisa de su chimenea. Cada vez que los visitantes e invitados llegaban a su casa, les mostraba el retrato de su hijo antes de mostrar su famosa galería.
El hombre murió unos meses más tarde y se anunció una subasta para todas las pinturas que poseía. Mucha gente importante y de influencia acudió con grandes expectativas de hacerse con un famoso cuadro de la colección.
Sobre la plataforma estaba el retrato del hijo. El subastador golpeó su mazo para dar inicio a la subasta. “Empezaremos los remates con este retrato de el hijo. ¿Quién ofrece por este retrato?” Hubo un gran silencio. Entonces una voz del fondo de la habitación gritó: “¡Queremos ver las pinturas famosas! ¡Olvídese de ésta!” Sin embargo el subastador persistió: ¿Alguien ofrece algo por esta pintura? ¿$100.00 dólares? ¿$200.00 dólares?”
Otra voz gritó con enojo: “¡No venimos por ésta pintura! Venimos a ver los Van Goghs, los Rembrants. ¡Vamos a las ofertas de verdad!”
Pero aun así el subastador continuaba su labor: “¡El Hijo! ¡El Hijo! ¡¿Quién se lleva El Hijo?!
Finalmente, una voz se oyó desde muy atrás del cuarto: “¡Yo doy diez dólares por la pintura!” Era el viejo jardinero del padre y del hijo, siendo éste muy pobre, era lo único que podía ofrecer.
“¡Tenemos $10 dólares!, ¡¿Quién da $20?!” gritó el subastador.
“¡Dásela por $10! ¡Muéstranos de una vez las obras maestras!” dijo otro exasperado."
“¡$10 dólares es la oferta! ¡¿Dará alguien $20?! ¿Alguien da $20?”
La multitud se estaba poniendo bien enojada. No querían la pintura de El Hijo. Querían las que representaban una valiosa inversión para sus propias colecciones. El subastador golpeó por fin el mazo: “Va una, van dos, ¡VENDIDA por $10 dólares!”
Un hombre que estaba sentado en segunda fila gritó feliz: “¡Ahora empecemos con la colección!”
El subastador soltó su mazo y dijo: “Lo siento mucho damas y caballeros, pero la subasta llegó a su final.”
“Pero, ¿qué de las pinturas?”
“Lo siento. Cuando me llamaron para conducir esta subasta, se me dijo de un secreto estipulado en el testamento del dueño. Yo no tenía permitido revelar esta estipulación hasta este preciso momento. Solamente la pintura de EL HIJO sería subastada. Aquel que la comprara heredaría absolutamente todas las posesiones de este hombre, incluyendo las famosas pinturas. ¡El hombre que compró EL HIJO se queda con todo!
Reflexión:
Dios nos ha entregado a su Hijo quien murió en una cruz hace 2,000 años. Así como el subastador, su mensaje hoy es: "¡EL HIJO, EL HIJO, ¿QUIÉN SE LLEVA EL HIJO?" Quien ama al Hijo lo tiene todo.
Mateo 6:33 "Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura
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¿NO TE PARECE EXTRAÑO?
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¿No te parece extraño cómo un billete de $100 "parece" tan grande cuando lo llevas a la iglesia, pero tan pequeño cuando lo llevas a las tiendas?
¿No te parece extraño cuán larga parece una hora cuando oímos de Dios, pero muy corta cuando un equipo juega baloncesto por 60 minutos?
¿No te parece extraño qué largas parecen dos horas cuando estás en la iglesia, pero qué cortas son cuando estás viendo una película?
¿No te parece extraño que no puedes pensar en algo que decir cuando oras, pero no tienes ninguna dificultad en pensar cosas de que hablar con un amigo?
¿No te parece extraño cuánto nos emocionamos cuando un juego de béisbol se extiende a extra-innings, pero nos quejamos cuando un sermón es más largo que lo usual?
¿No te parece extraño lo difícil que es leer un capítulo de la Biblia, pero qué fácil es leer 100 páginas de una revista popular?
¿No te parece extraño cómo las personas desean los asientos del frente en cualquier juego o concierto, pero hasta se esfuerzan para buscar asientos de atrás en las iglesias?
¿No te parece extraño que necesitemos 2 ó 3 semanas de aviso para incluir un evento de la iglesia en nuestra agenda, pero podemos ajustar nuestra agenda para otros eventos en el último momento?
¿No te parece extraño lo difícil que es aprender una verdad simple del evangelio para compartirla con otros, pero qué fácil es para las mismas personas entender y repetir un chisme?
¿No te parece extraño cómo creemos lo que dicen los periódicos, pero cuestionamos lo que dice la Biblia?
¿No te parece extraño que todos quieran ir al cielo, siempre y cuando no tengan que creer, o pensar, o decir, o hacer alguna cosa?
¿No te parece extraño cómo podemos enviar miles de chistes por correo electrónico y se esparcen como reguero de pólvora, pero cuando empezamos a enviar mensajes acerca de Dios, la gente lo piensa dos veces antes de compartirlos con otros?
ES EXTRAÑO, ¿NO TE PARECE? ¿Te estás riendo? ¿Estás reflexionando?
¡Esparce la Palabra y da gracias al Señor porque El es bueno! |
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"Venid, no para rendir cuentas... No temáis al oir hablar del yugo, porque es suave;
no temáis si hablo de carga, porque es ligera"
San Juan Crisóstomo
Homilías sobre San Mateo |

Ilustración de una estampa francesa de finales del siglo XIX. En ella se puede leer el siguiente texto:
LAS MARAVILLAS DEL PESEBRE:
todas las cruces que toca se hacen de oro.
¡Santa escuela de la Paciencia, enséñame a transformar en MÉRITO todo lo que yo llamo dolor!
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Cuentan que un hombre un día le dijo a Jesús:
- "Señor: ya estoy cansado de llevar la misma cruz en mi hombro, es muy pesada y muy grande para mi estatura".
Jesús amablemente le dijo:
- "Si crees que es mucho para ti, entra en ese cuarto y elige la cruz que más se adapte a ti"
El hombre entró y vio una cruz pequeña, pero muy pesada que se le encajaba en el hombro y le lastimaba, buscó otra pero era muy grande y muy liviana y le hacía estorbo, tomó otra pero era de un material que raspaba, buscó otra, y otra, y otra.... hasta que llegó a una que sintió que se adaptaba a él. Salió muy contento y dijo:
- "Señor, he encontrado la que más se adapta a mi, muchas gracias por el cambio que me permitiste".
Jesús le mira sonriendo y le dice:
- "No tienes nada que agradecer, has tomado exactamente la misma cruz que traías, tu nombre está inscrito en ella. Mi Padre no permite más de lo que no puedas soportar porque te ama y tiene un plan perfecto para tu vida"
Muchas veces nos quejamos por las dificultades que hay en nuestra vida y hasta cuestionamos la voluntad de Dios, pero El permite lo que nos suceda porque es para nuestro bien y algo nos enseña a través de eso. Dios no nos da nada más grande de lo que no podamos soportar, y recordemos que después de la tormenta viene la calma y un día esplendoroso en el que vemos la Gloria de Dios.
Ánimo en los brazos de Jesús y María...
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EL NIÑO EN EL TABERNÁCULO
Un modelo para nuestra fe
"Yo os aseguro: el que no reciba el Reino de Dios como niño, no entrará en él". (Lc. 18, 17) |
Discípulos de la eucaristía venid y escuchad esta maravillosa historia que revela a Jesús en el Sacramento del altar. Me fue contada en un reciente un viaje a la Inglaterra protestante.
Sucedió un día que un buen y santo misionero, mientras predicaba por los campos de ese país, consiguió reunir en torno a si a un grupo de niños pequeños. Como tema de su predicación eligió enseñarles la presencia real de Jesús en el Tabernáculo. Con su corazón embargado por la emoción les habló a los niños de cómo Jesús, por obra de un dulce milagro, permanece siempre encerrado y cautivo en los altares de nuestras iglesias esperando nuestra visita.
Nada más escuchar esto sucedió que uno de los niños se levantó apresuradamente de en medio del grupo y sin perder un instante salió corriendo en dirección a la iglesia más cercana. Una vez en su interior se acercó al Tabernáculo y aunque era todavía demasiado pequeño, consiguió con gran esfuerzo subirse a lo alto del altar y sentarse a su lado. Fue entonces cuando con una fe pura e ingenua, comenzó a llamar a Nuestro Señor mientras golpeaba con suavidad la puertecita:
- Jesús, ¿estás allí?...
Pero nadie contestó a su llamada. Sin desanimarse a esta conmovedora audacia propia de su corta edad, volvió de nuevo a golpear esta vez un poco más fuerte la puerta con los nudillos de pequeña manita:
- ¿Estás allí, Jesús?. Por favor contéstame... como nos dicen que lo haces siempre en la clase de catecismo…
Y esperó unos instantes... Pero pesar de que prestaba mucha atención sus oídos no conseguían escuchar ningún sonido del interior del Tabernáculo. "Debe ser que Jesús esta ahora dormido", pensó entonces el niño. Y decidido, se dijo a si mismo: "Voy a despertarlo con delicadeza para no asustarlo".
- Oh mi pequeño Jesús, te quiero, te adoro, creo en Ti, contéstame. Yo te suplico que me hables…
¡Oh gracia! ¡Oh prodigio! ¡Oh milagro!… Ante esta oración de tanta ternura Jesús ya no pudo resistir más y desde el fondo de su Tabernáculo dejó escapar finalmente su voz:
- Soy Jesús y vivo en este lugar donde mi inmenso amor por los hombres me tiene prisionero. Desde aquí consuelo a todo el que llora. Y tú, mi amado niño, ¿qué es lo que quieres de mi?
El niño, ya muy contento, le respondió con voz candorosa:
- Es mi padre…. No se encuentra bien... Te pido por favor que lo conviertas. Haz que te conozca y ame tu nombre...
-Hágase como quieres. Te concedo tu deseo - le respondió Jesús. Anda, vete ahora a tu casa que ya la tarde está cayendo y tus padres te están esperando.
Desbordado por la alegría de haber sido escuchado por Jesús, el niño regresó a su casa más obediente y piadoso que nunca. Al día siguiente se obró un milagro conmovedor: sin que hubiera contado nada de lo sucedido en la iglesia, su padre tomó la repentina decisión de acudir a la Iglesia y confesarse tras haber permanecido muchos años completamente alejado de ella. Cuando regresó a su casa, volvió como un hombre nuevo renacido a la fe.
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Y así termina esta historia que me contaron en la Inglaterra protestante. ¡Oh Jesús! gran amigo de los niños y lleno de compasión con los pobres pecadores, ¿quién dejará de reconocer tu infinita bondad en el relato de esta historia que me contaron? Yo la recordaré por siempre… Y también llamaré a tu puerta todos los días. Si no consigo oír tu voz como aquel niño, poco importa pues se que tu corazón siempre me escucha.
Oh Jesús, que te quedaste con nosotros, prisionero en el Sagrario, haz que te llevemos constantemente en nuestro corazón para que, haciéndote así agradable compañía en la tierra, merezcamos estar un día contigo en el cielo.
1. El texto adaptado al español procede de una estampa religiosa francesa de finales del siglo XIX.
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El buen samaritano de Rembrandt.
Grabado de 1633. |
LA VISITA DEL SEÑOR JESÚS
(el sueño del zapatero Martín)
basado en un cuento
de León Tolstoi |
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Martín Avedeitch era un zapatero remendón ruso ya anciano.
Una noche después del trabajo se puso a leer su Biblia, y pensó: «¿Que haría si se presentara el Señor en mi casa?» Quedó dormido con estos pensamientos hasta que le despertó una voz:
—Martín, Martín. Mañana vendré.
Al día siguiente el buen zapatero estaba inquieto porque esperaba la visita del Señor. A través del ventanuco que daba a la calle vio los pies del anciano Stepanich que paleaba la nieve. Martín golpeó la ventana con los dedos y lo hizo entrar para que se calentara y bebiera un poco de té.
—Gracias Martín Avedeitch —dijo el anciano cuando marchaba—. Me has dado alimento y confortación al cuerpo y al alma.
Era ya mediodía cuando dio comida y ropa a una forastera desaliñada que llevaba a su bebé en brazos. La pobre mujer rompió a llorar cuando aquel anciano al que no conocía de nada le ofreció también su propio capote y unas monedas.
—El Señor te bendiga, buen hombre, —musitó sollozando al abandonar la pequeña estancia.
Era ya tarde entrada y el Señor Jesús no había venido. Martín vio cómo un niño harapiento robaba a una anciana una manzana de su cesto. Ésta le había agarrado y le tiraba de los pelos.
—Déjalo, abuela. No lo hará más —intervino Martín
La anciana lo soltó.
—¡Pide perdón a la abuela! Y no lo hagas más. Te vi robar la manzana.
El niño rompió a llorar y pidió perdón.
—Así me gusta. —Martín tomó una manzana del cesto y se lo dio al muchacho.
—Aquí tienes una manzana. Yo te pagaré, abuela.
—Merecía que lo azotaran para que se acordara toda una semana —contestó la anciana.
—Abuela, abuela. Eso es lo que queremos nosotros. No lo que quiere Dios. Si debemos azotarlo por robar una manzana... ¿qué mereceremos nosotros por nuestros pecados?
Y el niño se ofreció ayudarla a llevar el saco porque iba por el mismo camino. Y marcharon juntos, el niño con el fardo de manzanas y ella apoyada en su hombro. Martín regresó a su zapatería y terminó el trabajo del día, y al volver a abrir su Biblia creyó oír rumor de pasos en el oscuro rincón. Escuchó una voz al oído.
—Martín, Martín... ¿No me conoces? —Y del rincón salió Stepanich que le sonrió y se disipó como una nube.
—Soy yo —repitió la voz—. Y de la oscuridad, surgió la mujer con el niño que también se desvaneció en las sombras.
—Soy yo —volvió a oír— y vio a la anciana y al niño con sus manzanas que sonreían y desaparecían.
Y Martín comprendió que el Salvador le había visitado tres veces ese día.
*****
Entonces dirá el Rey a los de su derecha: "Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.
Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme."
Entonces los justos le responderán: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?"
Y el Rey les dirá: "En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis."
Mateo 25, 34-40 |
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RIQUEZA EXITO Y AMOR |
Una mujer salía de su casa y vio a tres ancianos de larga y blanca barba sentados al frente de su casa. No los reconoció y dijo:
"No creo conocerlos, pero deben tener hambre. Por favor pasen y acepten alguna cosa para comer".
"¿Se encuentra el hombre de la casa dentro?", preguntaron
"No", dijo ella, "El salió"
"Entonces no podemos pasar", contestaron.
En la tarde cuando su esposo llegó a casa, le dijo lo que había pasado.
"Ve a decirles que estoy en casa e invítalos a pasar"
La mujer salió e invitó a los hombres a que pasaran.
"No pasamos a una casa juntos", respondieron "
¿Por qué es así?, quiso saber ella.
Uno de los ancianos le explicó: "Su nombre es Riqueza, apuntando a uno de sus amigos, y apuntando al otro dijo, "El es Éxito, y yo soy Amor"
Después agregó, "Ahora ve y discute con tu esposo a cuál de nosotros deseas en tu casa"
La mujer entró y le dijo a su esposo lo que se había dicho.
Su esposo se regocijó. "¡Qué bueno!", dijo. "Dado que este es el caso, invitemos a Riqueza. ¡Dejemos que venga y llene nuestra casa de riqueza!"
Su esposa no estuvo de acuerdo "Querido mio, por qué no invitamos a Éxito?"
La hija estaba escuchando desde el lado opuesto de la casa. Saltó con su propia sugerencia: "¿No será mejor invitar a Amor?" "¡Nuestra casa estará entonces llena de amor!"
"Hagamos caso del consejo de nuestra hija", dijo el esposo a su esposa. "Sal e invita a Amor a ser nuestro huésped"
La mujer salió y les preguntó a los 3 ancianos. "¿Cuál de ustedes es Amor? Por favor pase y sea nuestro huésped".
Amor se puso de pie y empezó a caminar hacia la casa. Los otros 2 también se pusieron de pie y lo siguieron.
Sorprendida la señora, les preguntó a Riqueza y a Éxito" "Solamente invité a Amor. ¿Por qué están pasando ustedes?"
Los ancianos respondieron: "Sí usted hubiera invitado a Riqueza o a Éxito, los otros dos nos hubiéramos quedado afuera, pero como usted invitó a Amor, dondequiera que él va, nosotros lo acompañamos. Dondequiera que haya amor, también hay riqueza y éxito.
Autor desconocido
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LA SILLA VACÍA |
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La hija de un hombre le pidió al sacerdote que fuera a su casa a hacer una oración para su padre que estaba muy enfermo. Cuando el sacerdote llegó a la habitación del enfermo, encontró a este hombre en su cama con la cabeza alzada por un par de almohadas. Había una silla al lado de su cama, por lo que el sacerdote asumió que el hombre sabía que vendría a verlo.
"Supongo que me estaba esperando", le dijo. "No, ¿quién es usted?", dijo el hombre. "Soy el sacerdote que su hija llamó para que orase con usted, cuando vi la silla vacía al lado de su cama supuse que usted sabía que yo estaba viniendo a verlo"
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"Oh sí, la silla", dijo el hombre enfermo, "¿Le importa cerrar la puerta?" El sacerdote sorprendido la cerró.
"Nunca le he dicho esto a nadie, pero... toda mi vida la he pasado sin saber como orar. Cuando he estado en la iglesia he escuchado siempre al respecto de la oración, que se debe orar y los beneficios que trae, etc., pero siempre esto de las oraciones me entró por un oído y salió por el otro pues no tengo idea de cómo hacerlo. Entonces hace mucho tiempo abandoné por completo la oración. Esto ha sido así en mi hasta hace unos cuatro años, cuando conversando con mi mejor amigo me dijo: "José, esto de la oración es simplemente tener una conversación con Jesús. Así es como te sugiero que lo hagas... te sientas en una silla y colocas otra silla vacía enfrente de ti, luego con fe miras a Jesús sentado delante de ti. No es algo alocado hacerlo pues Él nos dijo: "Yo estaré siempre con ustedes." Por lo tanto, le hablas y lo escuchas, de la misma manera como lo estás haciendo conmigo ahora mismo"
"Así lo hice una vez y me gustó tanto que lo he seguido haciendo unas dos horas diarias desde entonces. Siempre tengo mucho cuidado que no me vaya a ver mi hija pues me internaría de inmediato en la casa de los locos".
El sacerdote sintió una gran emoción al escuchar esto y le dijo a José que era muy bueno lo que había estado haciendo y que no cesara de hacerlo. Luego hizo una oración con él, le extendió una bendición, los santos óleos y se fue a su parroquia.
Dos días después, la hija de José llamó al sacerdote para decirle que su padre había fallecido. El sacerdote le preguntó:
-¿Falleció en paz?
-Sí, cuando salí de la casa a eso de las dos de la tarde me llamó y fui a verlo a su cama, me dijo lo mucho que me quería y me dio un beso. Cuando regresé de hacer compras una hora mas tarde, ya lo encontré muerto. Pero hay algo extraño al respecto de su muerte, pues aparentemente justo antes de morir se acercó a la silla que estaba al lado de su cama y recostó su cabeza en ella, pues así lo encontré. ¿Que cree usted que pueda significar esto?"
El sacerdote se secó las lágrimas de emoción y le respondió:
- "Ojalá que todos nos pudiésemos ir de esa manera".
Ilustración de esta página: La silla de Vicente con una pipa de Vicent van Gogh. 1888. National Gallery, Londres. Carol Gerten's Fine Art
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HUELLAS EN LA ARENA
Una noche tuve un sueño... soñé que estaba caminando por la playa con el Señor y, a través del cielo, pasaban escenas de mi vida.
Por cada escena que pasaba, percibí que quedaban dos pares de pisadas en la arena: unas eran las mías y las otras del Señor.
Cuando la última escena pasó delante nuestro, miré hacia atrás, hacia las pisadas en la arena y noté que muchas veces en el camino de mi vida quedaban sólo un par de pisadas en la arena.
Noté también que eso sucedía en los momentos más difíciles de mi vida. Eso realmente me perturbó y pregunté entonces al Señor: "Señor, Tu me dijiste, cuando resolví seguirte, que andarías conmigo, a lo largo del camino, pero durante los peores momentos de mi vida, había en la arena sólo un par de pisadas. No comprendo porque Tu me dejaste en las horas en que yo más te necesitaba".
Entonces, El, clavando en mi su mirada infinita me contestó: "Mi querido hijo. Yo te he amado y jamás te abandonaría en los momentos más difíciles. Cuando viste en la arena sólo un par de pisadas fue justamente allí donde te cargué en mis brazos".
El sueño
de Pierre Puvis de Chavannes
(1824-1898)

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