GOCJ


 

 

      

 

 
 
 
 

DIRECCIÓN  ESPIRITUAL

LINEA

 

1º.- CONVENIENCIA

LA REVELACIÓN
JESÚS
LA IGLESIA PRIMITIVA
LA IGLESIA ACTUAL
LA RAZON LO PIDE

2º.- CRISIS

1º.- Por parte del Director
2º.- Por parte del dirigido

3º.- CUALIDADES DEL DIRECTOR

1) ¿Sacerdocio?
2) Santidad:
3) Preparación teológica y moral
4) Preparación psicológica
5) Tacto y prudencia
6) Paciencia
7) Exigencia
8) Cordialidad
9) Docilidad al Espíritu Santo
10) Oración por el dirigido

4º.- PREPARACIÓN PARA LA ENTREVISTA

Por parte del Director
Por parte del dirigido

5º.- POSIBLE ESQUEMA PARA LA ENTREVISTA

1º.- Estado general
2º.- Dimensión vertical
3º.- Dimensión horizontal
4º.- Dimensión interior
5º.- Otras cosas

 

1º.- CONVENIENCIA

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   Es voluntad de Dios que nos ayudemos los unos a los otros, pues quiso "santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo" (LG 9).
   En el orden natural es evidente que todos dependemos de los demás. También a los animales les mueve su instinto a vivir en rebaños, bandadas o familias. Tampoco nosotros podríamos existir ni subsistir sin la ayuda de otros hombres. Desde el momento de la concepción comienza la dependencia, en este caso de los padres.    Después será la familia, los amigos, compañeros... Para formarnos y desarrollarnos humanamente nos basamos en lo que otros han estudiado o descubierto en siglos de experiencia e investigación. Necesitamos de médicos, maestros, profesores, catedráticos, especialistas en las distintas ramas del saber, etc.
   En el terreno espiritual ocurre lo mismo. Como un niño necesita de su madre para nacer, crecer y formarse, las almas necesitan "madres espirituales" que las hagan nacer con sus sacrificios, que las alimenten con sus oraciones, que las formen con sus enseñanzas y consejos. Dios normalmente conduce a las almas a través de otras personas que pone en su camino para que, con su ayuda, se salven y lleguen a la santidad. Desestimar este orden establecido y querido por Dios puede tener consecuencias muy negativas.
   Hoy está de moda acudir a Maestros de Yoga, "Gurús", Psicoanálisis, etc. Denota una necesidad interior, un vacío espiritual que se pretende llenar, a veces con las experiencias más exóticas, pero no siempre las más acertadas.

LA REVELACIÓN muestra cómo Dios se sirve de unos hombres para avisar, corregir, animar a otros. Dios suele dirigir a través de quienes El elige.  Moisés guía y da normas a Israel, Débora ayuda a Baraq, Elí aconseja a Samuel, Natán avisa a David, Dios habla a su pueblo a través de los Profetas...

JESÚS educa personalmente a los Apóstoles. El Evangelio nos muestra cómo les enseña en particular y con paciencia. Es clara la catequesis personalizada con Nicodemo (Jn 3), la Samarita (Jn 4), los de Emaús (Lc 24,13-33), etc.

LA IGLESIA PRIMITIVA continuó este proceder de Jesús: Dice San Pablo: "Acordaos de que durante tres años no he cesado de aconsejaros día y noche con lágrimas, a cada uno de vosotros" (He 20,31). "Como un padre a sus hijos, a cada uno de vosotros os exhortá­bamos, animándoos a que viviéseis de una manera digna de Dios"  (I Ts 2,11).

LA IGLESIA ACTUAL, Cuerpo Místico de Cristo, sigue siendo el instrumento, a través del cual Jesús sigue actuando hoy de modo análogo a como actuaba con su cuerpo de carne en su vida mortal.
   El Corazón de Jesús quiere hacerse presente a través del Director Espiritual. El Director es Cristo vivo que se acerca a cada uno.
   El Concilio Vaticano II lo recomienda: "Para fomentar la unión con Cristo en todas las circunstancias de la vida... gozan de medios comunes y particulares, nuevos y antiguos, que el Espíritu Santo no deja nunca de suscitar en el Pueblo de Dios, y la Iglesia recomienda, y hasta manda también algunas veces para la santificación de sus miembros...  Estimen altamente la dirección espiritual" (PO 18)
   "La formación espiritual ha de estar estrechamente unida a la doctrinal y pastoral y, con la colaboración sobre todo del Director espiritual, debe darse de tal forma que aprendan a vivir en trato familiar  y asiduo con el Padre por su Hijo Jesucristo en el Espíritu Santo" (OT,8)
   Los Obispos deben procurar que existan centros "en los que sacerdotes, reli­giosos y seglares, bien preparados y cuidadosamente elegidos, presten ayuda permanente espiritual e intelectual a la juventud universitaria" (GE 10).

   Juan Pablo II: “Quisiera recomendar encarecidamente a los sacerdotes, a las personas consagradas y a los laicos competentes en este campo, que propongan a los jóvenes la experiencia de la dirección espiritual, a fin de que realicen las diferentes etapas de su existencia bajo la mirada de Dios, para discernir en ellas su presencia y hacer su voluntad, fuente de libertad profunda.
   El acompañamiento por parte de un adulto en quien el joven tenga confianza le ayudará a superar los momentos interiores más difíciles, a analizar su conducta, a tener una escala de valores en sus decisiones, y a entrar en relación cada vez más íntima con Cristo.
   Asimismo, con esta actitud de cercanía, los adultos son los interlocutores y los testigos que necesitan los jóvenes para afrontar serenamente su futuro de hombres y de cristianos.
   Así los jóvenes podrán escuchar con confianza la invitación de Cristo a bogar mar adentro (cf. Lc 5,4), se atreverán a manifestar su identidad cristiana y serán misioneros en medio de sus compañeros, en una sociedad en la que se tiende a reducir la fe al ámbito privada y, en consecuencia, la Iglesia encuentra dificultades para hacerse reconocer.” (22-04-99)

   Juan Pablo II: “Si no dedicáis tiempo a la oración y no contáis con la ayuda de un director espiritual, la confusión del mundo puede llegar incluso a ahogar la voz de Dios.” (21-03-02)

   A lo largo de la Historia de la Iglesia, los Santos siempre han recomendado una sana Dirección. Son incontables sus testimonios. No se pueden citar todos aquí: Requerirían varios volúmenes. A modo de "botón de muestra", podemos meditar estas frases de San Juan de la Cruz (en "Avisos y Cautelas"):
- "«¡Ay del solo!», dice el Espíritu Santo. Por tanto, le conviene al alma la dirección del maestro, porque los dos resistirán más fácilmente al demonio, juntándose a saber y obrar la verdad".
- "La obediencia es penitencia de la razón, y por eso es para Dios más agradable y gustoso sacrificio, que todos los demás de penitencia corporal".
- "Más quiere Dios en ti el menor grado de obediencia y sujeción que todos esos servicios que le piensas hacer".
- "Aunque hagas muchas cosas, si no aprendes a negar tu voluntad y sujetarte perdiendo cuidado de ti y de tus cosas, no aprovecharás en la perfección".
- "Es Dios tan amigo de que el gobierno del hombre sea por otro hombre, que totalmente quiere no demos entero crédito a las cosas que sobrenaturalmente comunica, hasta que pasen por ese arcaduz humano de la boca del hombre".
- "Fácilmente prevalece el demonio con los que a solas y por su voluntad se guían en las cosas de Dios".
- "Si no temes caer a solas, ¿cómo presumes de levantarte a solas?; mira que más pueden dos juntos que uno solo".
- "El que quiere estar solo, y sin maestro o guía, será como el árbol que está solo y sin dueño en el campo, que por más fruta que tenga, los caminantes se la cogerán, y no llegará a sazón".
- "El alma sola, sin maestro que tenga virtud, es como el carbón encendido que está solo: antes se irá enfriando que encendiendo".

   CEC 2690 El Espíritu Santo da a ciertos fieles dones de sabiduría, de fe y de discernimiento dirigidos a este bien común que es la oración (dirección espiritual). Aquellos y aquellas que han sido dotados de tales dones son verdaderos servidores de la Tradición viva de la oración:
      Por eso, el alma que quiere avanzar en la perfección, según el consejo de San Juan de la Cruz, debe "considerar bien entre qué manos se pone porque tal sea el maestro, tal será el discípulo; tal sea el padre, tal será el hijo". Y añade: "No sólo el director debe ser sabio y prudente sino también experimentado... Si el guía espiritual no tiene experiencia de la vida espiritual, es incapaz de conducir por ella a las almas que Dios en todo caso llama, e incluso no las comprenderá" (Llama estrofa 3).

LA RAZON LO PIDE:


* La mayor parte de los cristianos no suelen tener conocimientos de los secretos de la vida espiritual y de cómo avanzar en ella. La mayoría se limita a  "cumplir", sin profundizar ni avanzar. Por eso hay tantas personas mediocres, incluso entre "consagrados" y "comprometidos". Y muchos, que se habían limitado a cumplir unos compromisos durante varios años, terminan quemándose y abandonando por cansancio o “rebotados”.
No tener Director por pereza, autosuficiencia... implica atasco y retroceso espiritual. Y la pérdida de muchas gracias que Dios concede en una dirección correcta.

* Con frecuencia uno se engaña fácilmente a sí mismo. "Nadie es buen juez en causa propia". Y esto ocurre mucho más en un terreno tan delicado como la vida espiritual. Hace falta un criterio objetivo, que juzgue desde fuera la situación real del alma, y que ponga el remedio adecuado. Es función del Director espiritual.

Un ejemplo puede iluminar sobre este punto:
Todo buen piloto aéreo, sea cual sea su experiencia, horas de vuelo y conocimiento de la ruta, se guía más por los datos que le da la Torre de Control que por sus propios ojos o intuiciones.  Él sabe que la Torre dispone de abundantes informaciones que él no tiene: datos técnicos, meteorológicos, de otros aviones en vuelo, estado de la pista de aterrizaje, si hay más aviones rodando por ella, si está aterrizando uno o despegando otro, etc.
Tan importante para la seguridad es la dirección de la Torre que es rigurosamente obligatoria en todos los vuelos del mundo, tanto profesionales como aficionados. Otra conducta sería insensata e irresponsable.
Ningún piloto se siente herido por tener que dejarse dirigir por la Torre correspondiente, sino agradecido. Sabe que la Torre le orienta en un asunto del que depende su vida y la de los pasajeros.

* Además de los obstáculos de la ignorancia y subjetividad, en la vida espiritual hay que contar con los engaños del demonio.  Por eso se requiere una persona experimentada y que conozca bien el tema.

* Con la Dirección se fomentan varias virtudes: vigilancia interior, humildad, apertura de conciencia, limpieza de corazón, obediencia, atención a la obra de Dios en nosotros, delicadeza espiritual, etc.

No siempre es posible la Dirección Espiritual, por ausencia de Directores competentes u otros motivos serios.
En este caso -que es excepción- el Espíritu Santo, que siempre es el verdadero y último Director, ejerce directamente esa función: "El principal agente y guía y movedor de las almas en este negocio, no son ellos (los directores humanos), sino el Espíritu Santo, que nunca pierde cuidado de ellas" (S. Juan de la Cruz: "Llama de amor viva", 3, 46).
Cuando no hay posibilidad moral de una Dirección adecuada, el Espíritu suple. (¡Pero sólo entonces!).
Recordemos el caso de Santa Teresita del Niño Jesús, quien afirmaba que sólo Dios había sido su Director. Si se da buena voluntad en la persona, el Espíritu puede suplir a través de la lectura espiritual, luces interiores, un buen ejemplo, una conferencia o meditación, etc.
Por lo tanto,
no hay necesidad absoluta, sino relativa y condicionada.

 

En síntesis: debemos procurar tener un buen Director, buscarlo por todos los medios, y especialmente pedirlo insistentemente a Dios en la oración, sabiendo que es un gran regalo suyo, por el que nos concederá otras muchas gracias.

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2º.-  CRISIS

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La Dirección Espiritual no está hoy de moda.  Podemos encontrar dos motivos fundamentales:

1º.- Por parte del Director:

Hay pocos Directores preparados específicamente para ello.
Si el arte de la Dirección espiritual es muy difícil, no lo es menos el de la elección del Director. Suele ser de consecuencias fatales elegirlo mal, escogiendo a uno que no conozca bien los secretos de la vida espiritual, que tenga enfoques incorrectos o ambiguos, que sea excesivamente severo o demasiado "light". En síntesis, que no tenga las dos características ideales del Director Espiritual: santo y sabio. Encontrar un buen Director Espiri­tual es una auténtica gracia de Dios.

2º.- Por parte del dirigido:

Para decidirse a tener dirección espiritual hace falta ante todo un deseo sincero de una vida espiritual seria (que no se da con excesiva frecuencia).
Hay que vencer la pereza, lo cual ya inutiliza a muchos, que tienen buenos deseos, pero ineficaces. Esta pereza empieza por no hablar con su Director con frecuen­cia, lo cual equivale a engañarse a sí mismo.
Es imprescindible abrir totalmente la conciencia, sin ocultar nada. Si muchos se quejan de que les cuesta un examen de conciencia bien hecho y decir sus pecados al confesor, no cuesta menos una buena dirección, que supone un profundo examen personal y una sincera apertura del estado del alma.
Hay que obedecer. Lo que muchos pretenden, más o menos inconsciente­mente, es desahogarse, contar sus cuitas, sentirse comprendidos. Hay quien lo hace con el Psiquiatra, pero es caro. El Director espiritual sale gratis. Pero de ahí a seguir sus consejos hay mucho camino. Demasiados van a hablar, pero no a escuchar. Y eso no es Dirección. A algunos les bastarían los letreros de las tiendas de fotografías: "Revele su rollo en una hora"...
Un error muy común es el de confundir la Dirección Espiritual con un Consultorio. Al Consejero se le consultan más o menos esporádicamente los problemas que van apareciendo en la vida, sin más compromiso. Es bueno consultar, pero es distinto de la Dirección Espiritual, porque normalmente no se profundiza, no se entra en los entresijos del alma,  no se analiza el avance, no hay periodi­ci­dad, no hay total apertura de conciencia, ni obediencia dócil. Al buscar un Director Espiritual no se trata de encontrar a quien me va a aconsejar lo que yo quiero oír, ni una persona amiga con la que pueda desahogarme, ni la más condescendiente, sino a quien me pueda guiar con eficacia en la carrera de la santidad.
Añadamos la autosuficiencia y falta de humildad. Muchos van al Médico cuando tienen un dolor, o al Gestor si hay un problema financiero, pero cuando tienen un problema espiritual no van al Director: ¡se creen capaces de solucionarlo por su cuenta!  No se suele tener inconveniente en reconocer la ignorancia en algunos campos del saber (Física cuántica, Matemática especial, dinastías chinas), pero da la impresión que todo el mundo se siente capacitado para dogmatizar sobre la Religión. Sin embargo la Religión es un campo que no se rige por opiniones y no puede haber una vida espiritual sana autoguiada por inexpertos.
Por todos estos motivos es frecuente el engaño: muchos creen que van bien porque tienen un buen Director pero, al no llevar ellos bien la dirección, es como si no lo tuvieran.

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3º.- CUALIDADES DEL DIRECTOR

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La Dirección Espiritual es tan importante y delicada que nadie puede dedicarse a ello sin estar preparado, ni debe poner su alma en manos de quien no tiene suficiente competencia. "El alma que quiere aprovechar y no volver atrás, mire en qué manos se pone: porque cual fuere el maestro, tal será el discípulo"  (S. Juan de la Cruz). Si es imprudente y temerario ejercer la Medicina o la Cirugía sin haber estudiado, mucho más lo es entrar en el terreno espiritual sin conocimientos elementales: ¡no nos jugamos la salud corporal, sino algo mucho más definitivo, la salvación eterna!
Por eso el que se dedica a la Dirección o guía de almas tiene obligación grave de formarse para esa labor.
Y el que quiere dirección espiritual debe buscar a quien le pueda guiar con más garantías. Siguiendo con el ejemplo anterior, si cuando estamos enfermos o tenemos que operarnos buscamos al mejor Médico o al Cirujano más competente, ¿no trataremos de poner nuestra alma en manos de la persona que nos ofrezca más garantías?

Conviene que el Director reúna todas las cualidades necesarias, y procure especializarse en ellas.
(Siendo realistas, ningún Director humano reunirá todas las cualidades. Son el ideal al que hay que tender. Pero todo dirigido debe procurar tener el Director que mejor las reúna y todo Director debe esforzarse por adquirirlas).

1) ¿Sacerdocio?:

Es muy bueno que el Director sea Sacerdote, por la preparación teológica que supone, posibilidad de confesar, etc. Pero no es imprescindible ni siempre es posible. De hecho hay seglares que lo hacen muy bien. Los más famosos Directores de la Historia del monacato oriental no eran Sacerdotes. San Ignacio y tantos Santos comenzaron a guiar a las almas sin ser Sacerdotes. Lo importante es encontrar la persona más idónea y que más pueda ayudar en el avance espiritual.

 

2) Santidad:

* El Director debe tener una profunda vida interior, pues nadie da lo que no tiene, ni puede ser guía quien no ha recorrido previamente el camino. ¿Cómo puede animar a otros a lanzarse a la aventura de la santidad, si no se ha lanzado él mismo?
* El Director es "Maestro", por lo que no debe dar sólo ciencia, sino "sapiencia". La comunicación sapiencial (de "sapere" = saborear) es la que se hace a través de un contacto espiritual, como por ósmosis. No mera instrucción que sólo produzca aumento de conocimiento conceptual.
* La mejor charla es la riqueza interna que rezuma el Director. Cuando un maestro introduce a su discípulo en la Historia, puede contagiarle el entu­siasmo por ella. En la Dirección Espiritual se trata de introducir viven­cialmente en el amor de Cristo. Se necesita contagiar el entusiasmo y amor a Jesús. Sus Apóstoles le seguían porque tenía palabras vivas: "¿A quién iremos, si sólo Tú tienes palabras de vida eterna?".
* El Director debe enseñar más con ejemplos que con palabras. Que pueda decir: "Sed imitadores míos, como yo lo soy de Cristo". "Cual el maestro, así es el discípulo".
* Familiaridad con Dios y docilidad a la gracia, porque da una espe­cie de connaturalidad con ella, para discernir con más facilidad sus mocio­nes.

 

3) Preparación teológica y moral:

  Es fundamental un cierto dominio teológico, escriturístico y moral, adquiri­do por el estudio y la oración. Y por supuesto, y esto es indispensable, fidelidad a la Doctrina de la Iglesia, especialmente al Magisterio del Papa.

 

4) Preparación psicológica:

La Ciencia descubre cada vez más que el hombre no es simplemente materia ni espíritu puro, sino ambas cosas a la vez.
Un Médico y un Veterinario no se distinguen sólo por la clientela. El Médico sabe de la interacción psicosomática en muchas enfermedades. Por eso no puede limitarse a las dimensiones fisiológicas o químicas del organismo humano: tiene que atender también a la dimensión psíquica, que no sólo influye sino que a veces puede ser decisiva.
El alma tampoco es un ser independiente del cuerpo. Está influida por las condi­ciones psicosomáticas, así como influye en ellas.
Por eso quien dirija almas debe tener conocimientos, al menos elementales, de Psicología. Un buen Director puede hacer en muchos casos más que un Psicólogo, porque puede curar estratos muy profundos de la personalidad.
Pero el Director prudente sabe que no debe hacer de Psicólogo, Psicoanalista o Psiquiatra. "Y toda pretensión por su parte de hacer como si lo fuera, no puede hacer más que daño" [Bellet]. Es más, en algunos casos el Director Espiritual sabrá encomendar la solución de algunos problemas a Especialistas que sepa que están capacitados, sin entrar en campos que no le competen.

Algunos consejos prácticos pueden ser:
* Tener nociones de Caracterología.
* Conocer otras dimensiones del dirigido
  (familia, trabajo, amistades, etc.).
* No dejarse "dirigir" por sus dirigidos.
* Cuando haya que pedir algo, usar la forma más adecuada:
   - Simple enunciación indicativa (como al joven rico).
   ("Haz más oración").
   - Interrogación ("¿Y si hicieras más oración?")
   - Forma suspensiva ("Si aumentaras la oración...")
   - Proposición abstracta
   ("El deseo de orar más es propio de los Santos")
* Saber utilizar técnicas de entrevista.

  Por ejemplo:
- Pedir que el dirigido prepare un guión con los temas que quiere comentar, para evitar divagaciones y olvidos, yendo al grano.
- Poner un tiempo fijo en la entrevista.
- Mientras el dirigido habla:
Interesarse, sin interrumpir.
No discutir.
Guardar control de la propia afectividad (humor, carácter, ideología)
Evitar reacciones inmediatas evaluatorias o resolutivas.
Preguntar sólo lo necesario para aclarar: si no,  puede desviar el tema.
Muchas veces el problema real no es el que aparece a primera vista, sino que está más en el fondo. A veces el dirigido presenta otros problemas más superficiales, porque le cuesta abordar el delicado o porque ni él mismo lo conoce. El Director debe tratar de descubrirlo.
- Terminada la exposición:
No reaccionar inmediatamente con decisiones, especialmente si no está todo claro. A veces hace falta tiempo para reflexionar, orar...
Es conveniente que el dirigido se dé cuenta de que el Director se ha hecho cargo del problema. Para ello es útil reflejar el contenido de lo expresa­do, para que éste vuelva a oír sus propias proposiciones y vea objetiviza­das sus razones, dudas, inquietudes y sentimientos. Puede hacerse repi­tiendo lo que ha entendido. Es un punto para detectar al buen Director. Cuando en la repetición lo dice más claro y ordenado, poniendo el acento en los puntos fundamentales, el dirigido queda admirado y satisfecho. Entonces hay mayor eficacia, porque ve bien captado el problema. Da confianza ver que se le ha hecho caso, que se retienen las cosas. Sobre todo, que se retienen y valoran los detalles favorables a él.

 

5) Tacto y prudencia:

* Exquisita discreción, reserva y secreto.
* El Director no tiene derecho a exigir manifestación de conciencia: es terre­no íntimo entre Dios y el dirigido. Hay que tener sumo respeto. Si viera que el dirigido no se abre, se lo podría hacer ver, indicándole quizás la inutilidad de la situación si ésta se prolonga, abandonando incluso la Dirección espi­ritual, pero no puede entrar a saco en alma ajena.

Es muy conocida la imagen de Jesucristo llamando a una puerta   (Ap 3,20).
Un artista, Henry L. Hunt, pintó un cuadro en el que aparecía Cristo de pie llamando a la puerta de una casa.
Un día reunió a todos sus amigos artistas y les preguntó si encontraban algún error. Uno objetó: “La puerta a la que Cristo llama no tiene pomo”.
Henry, sonriendo, dijo: “Naturalmente, amigo mío. ¿Sabes por qué?”
“No”, repuso su amigo.
“Porque cuando Cristo llama a la puerta de un corazón, ésta sólo puede abrirse desde dentro”.

 

6) Paciencia:

* La Dirección es trabajo monótono e ingrato. San Agustín cuenta que se aburría de enseñar el catecismo (ML 40,309-12). Pero lo que puede resultar monótono para el Director, puede ser nuevo y lleno de gusto para el dirigido.
* Si después de muchos esfuerzos aún parece seco el campo, paciencia. Hay plantas que sólo dan fruto tras muchos años...

 

7) Exigencia:

* Incorruptible y clara: disimulando mientras no llega la hora de la gracia, pero tomando en serio la vida espiritual del dirigido, urgiendo con seriedad, aunque siempre con serenidad.
* Inexorable cuando el dirigido reconoce afectos desordenados cuya supera­ción le exige Dios.  Presentarlo, no como exigencia suya, sino de Dios.
* No severidad, que rara vez es oportuna. No suele ser útil ni salir bien.
* Firmeza, con delicadeza y caridad.
* Quien es incapaz de dar un disgusto o cede siempre, no será un buen Director.
* Ayudarle a ver las exigencias de la gracia y a imponerse los sacrificios que haga falta, porque al tropezar con el amor propio y las pasiones humanas brota la exigencia de sacrificios.
Es signo de progreso entender el sacrificio que se nos pide y ofrecerlo con gusto y prontitud. Huir de ellos puede ser síntoma de mediocridad.
* Combinar la ternura cristiana (Mt 11,29) con la exigencia evangélica (Jn 6,60). Representar a Jesús, que "es compasivo y misericordioso" (St 5,11), pero que exige (Mt 16,24) sin ambigüedades.
* Actuar como los Ángeles, que urgen a los que se relajan y animan y consuelan a los que avanzan. Pero que, hagan lo que hagan los hombres, nunca pierden la visión y gozo de Dios.
* Saber "dejar marchar", sin querer coleccionar dirigidos (Cfr. Jn 6,66-67).
* ¡Ser exigente no quita ser cordial!

 

8) Cordialidad:

* Así actuaba Jesús: "fijando en él la mirada, le amó" (Mc 10)
* En el Director acoge el mismo Cristo.
El es quien, por medio del Director, llama a sus ovejas por su nombre, las busca, visita y cuida. (Is 40,10; Ez 34,16; Lc 15,5; Jn 10,1-16).
La acogida y cordialidad con que el Director recibe al dirigido es en nombre de Cristo. Dios pedía a Moisés: "Lleva a este pueblo en tu regazo, como lleva la nodriza al niño de pecho" (Nm 11,12). San Pablo escribía a los fieles de Tesalónica: "Aunque pudimos imponer nuestra autoridad por ser apóstoles de Cristo, nos mostramos amables con vosotros, como una madre que cuida con cariño de sus hijos.  De esta manera, amándoos a vosotros, queríamos daros no sólo el Evangelio de Dios, sino incluso nuestro propio ser, porque habíais llegado a sernos muy queridos" (I Ts 2,7).
En el Director se hace humanamente visible la Bondad y Amor de Dios. Debe ser la personificación visible del Corazón sencillo de Jesús.
* Que el dirigido se dé cuenta de que no está ante un Psicólogo o ante un Magistrado, sino ante una persona atenta, abierta, benévola. Que se sienta como ante otro "yo mismo", pero benigno, indulgente, equilibrado, luminoso, capaz de enriquecerle espiritual y humanamente. Que se sienta juzgado con una serenidad que él no tiene, con un juicio divino que ensancha el corazón.
* La Dirección será más fructuosa si el dirigido se siente estimado por el Director. También en lo espiritual se necesita cariño maternal. Hay muchos raquíticos en la vida espiritual, porque nadie les enseñó a dar los primeros pasos en el amor. "Es difícil que sean aceptados los consejos de un predica­dor que no es grato" (San Gregorio Magno).
Todos, hasta los más orgullosos y autosuficientes, conocen sus debilidades, y tienen la impresión de que, si les conocieran como son en su interior, les despreciarían.  En la entrevista se va a revelar su interior y mostrarse sus debilidades. Por eso es importantísimo mostrar el juicio favorable de Dios a la persona.  Eso esponja y abre el corazón.
No se trata de aprobar las debilidades o fallos, sino amar a la persona.
* Si es necesario que el dirigido se sienta estimado, no es bueno prodigarse en alabanzas de sus cualidades, porque a veces bajo brillantes éxitos exteriores se esconden heridas espirituales humillan­tes. Esa alabanza, hecha con buenísima voluntad, puede hacer más difícil manifestar esas debili­dades.
* Muchos se creen inútiles o inutilizados. Creen que no pueden quitar determinadas caídas o fallos. Necesitan que se les sugiera continuamente la estima que merecen, y lo mucho que pueden hacer: esto logra resolver en poco tiempo problemas inveterados.
* Es fundamental saber animar, infundir optimismo, ilusión, entusiasmo.
* ¡Ser cordial no quita ser exigente!

 

9) Docilidad al Espíritu Santo:

* No se puede llevar a nadie por caminos prefabricados por uno mismo: cada uno tiene el suyo, hecho por Dios. "Ningún yerro es más pernicioso en los maestros de las cosas espiri­tuales, que querer gobernar a los otros por sí mismos, y pensar que lo que es bueno para ellos es bueno para todos" (San Ignacio de Loyola).
* Se trata de la preciosa labor de ir descubriendo el camino de Dios. Hay que hacer que el dirigido lo vea por sí mismo. Aunque el Director lo vea antes, no debe imponerlo: es el dirigido quien debe encontrar la Voluntad de Dios. La misión del Director es controlar que el dirigido haga correctamente su elección rectamente, no dársela hecha.
  Hay que evitar un error que crea angustias en muchas personas y que se da con frecuencia: "Yo veo que tú tienes vocación de...". Puede ser por broma, por afán de conseguir vocaciones o por el motivo que sea, pero siempre es imprudencia. Si Dios quiere llamar a la persona, se lo hará ver a ella. ¡Nadie debe irse al Convento porque otro le ha dicho que tiene vocación!
* El Director debe conseguir que el dirigido dependa cada vez más directamente de Dios, aunque sin dejar la Dirección, pues Dios la quiere. Para eso conviene irle explicando las reglas de discernimiento de espíritus, a medida que se van presentando las distintas mociones en el alma.
* También debe conseguir que el dirigido no se limite a "cumplir", sino que esté a la escucha del Espíritu Santo y sea fiel a sus inspira­ciones.
* Es fundamental promover el deseo de avanzar siempre en deseos de santidad. Que no se queme en la mediocridad del atasco, sino que aspire abierta y eficazmente a la santidad. Si no, ¿para qué perder los dos más el tiempo?

 

10) Oración por el dirigido:

* Es bueno pedir la ayuda de Dios antes de la entrevista. Incluso haciendo una oración con el dirigido. Recordemos que Jesús, antes de curar o hacer algún milagro, levantaba sus ojos al cielo y oraba al Padre.
* Después de la entrevista, repensar y encomendar ante el Señor lo tratado.
* La literatura oriental subraya insistentemente y con razón que es función esencial del Director la oración constante por sus dirigidos. El Director debe ser un constante "Ven, Espíritu Santo", para sí y para sus dirigidos.
El dirigido confía su alma al Director. Este será tanto más eficaz cuanto más unido esté con Dios ("Sin Mí no podéis hacer nada": Jn 15,5). Debe saber que hará por su dirigido más con sus rodillas que con su cerebro.
"Debe ser de tanta caridad que por el deseo urgente se sienta que no es orante, sino petición; porque debe desear la salvación de los fieles con tanta insistencia que todo movimiento de su corazón se transforme en afecto de petición". (San Gregorio Magno: ML 79, 338).

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4º.- PREPARACIÓN PARA LA ENTREVISTA

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Por parte del Director:

Crear ambiente de confianza.
Dedicar el propio tiempo, la atención, el interés.
Acogida sonriente, afectuosa. Que sonría la persona entera.

Postura:
Algunos prefieren de lado, pues les resulta violento frente a frente.
Otros prefieren tener algo entre las manos, y jugar con ello.
Hay quien prefiere hablar paseando, aunque a algunos les puede distraer.

No es bueno mirar fijamente al dirigido. Se puede sentir violento.

No clasificar de primera impresión al dirigido: no basarse en la información que tenga sobre él de amigos, familia, incluso de los datos que él pudiera tener por otros cauces.

Actuar como Guía evangélico, no como Psicólogo, Teólogo o Médico.

Tiempo:
El fijado previamente. Una duración prudente es media hora.   Normalmente no más de una hora, pues la atención decae y se divaga si la entrevista supera ese tiempo.
Dedicarle enteramente ese tiempo, sin otra ocupación secundaria o manual. Tiempo "OCUPADO" para los demás. Olvidar en ese momento el resto del mundo. Como el cirujano cuando está operando. La persona merece toda la atención, pues "cada alma es una diócesis" (San Francisco de Sales).
Sin prisa, pero sin perder el tiempo.

Por parte del dirigido:

* Conviene preparar previamente la entrevista.
  Puede ayudar repasar el esquema que indico a continuación, u otro similar.

  Es importantísimo que el dirigido distinga entre “Consulta” y “Dirección espiritual”. En el primer caso se limita a hacer unas preguntas sobre temas teológicos, morales, litúrgicos, espirituales. En el segundo entra en el estado del alma, en los problemas personales, en las luchas, metas, avances o retrocesos, etc.  Cuando se reduce o limita a “Consulta” no hay verdadera Dirección Espiritual, el Director no conoce a la persona ni puede orientarla en su vida espiritual y repercute negativamente en el avance espiritual.

* Es muy útil llevar por escrito los puntos que se quieren tocar:
- Es práctico para la preparación del encuentro.
- Ayuda en la misma entrevista, para no olvidar cosas y ahorrar tiempo yendo directamente a lo más importante.
- Se puede hacer en el orden que se quiera, si bien es útil comenzar con los puntos más urgentes o que más interesan, por si no hay tiempo para todo.
- También puede ser útil dar un esquema breve al Director, para que tenga idea de los temas que se van a tocar, y pueda organizarse él mismo.
- No hace falta tocar cada vez todos los puntos del esquema que doy, sino los más problemáticos.
- Sí conviene de vez en cuando hacer un recorrido más exhaustivo con el Director, abarcando todos los temas. Puede hacerse poco a poco: tocando cada vez los temas más urgentes, y después ir repasando algunos otros, de forma que en varias entrevistas hayan salido todos.

* Es elemental que el dirigido sea puntual a la hora de la entrevista. El Director le reserva ese tiempo y sería incorrecto e ineducado llegar tarde.

* Debe saber con cuánto tiempo cuenta, para organizarse.

* También debe ser puntual a la hora de terminar, teniendo en cuenta que el Director no mirará el reloj, por educación y para atenderle mejor y sin distracciones. Debe ser el dirigido quien controle el tiempo que dedica a cada tema y termine puntualmente a la hora prevista.

* Frecuencia:
No se puede establecer a priori, para siempre y para todos, un espacio fijo e inalterable. Depende de personas, situaciones, etc.  Pero sí se pueden y se deben establecer unos mínimos y unos máximos. 
- Un promedio equilibrado puede ser una entrevista al mes.  Al principio quizás convenga con más frecuencia.
- Por circunstancias externas, podrá en alguna ocasión retrasarse algo más, aunque no conviene que pase de dos meses, ni que habitualmente sea así. 
Digo “externas” (como enfermedad, viajes, etc.), porque si se debiera a una situación interna de crisis (pereza, apatía, problemas, etc.), eso mismo indicaría que habría que tenerla más a menudo.
- En otros casos convendrá más frecuencia: quincenal o incluso semanal, a juicio del Director. 
- Más frecuente aún puede darse en alguna circunstancia de crisis, pero no conviene que sea habitualmente.


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5º.- POSIBLE ESQUEMA PARA LA ENTREVISTA

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1º.- Estado general.-

Salud
Tono espiritual y psíquico  (alegría, paz, decaimiento, bache, equilibrio...)
Familia
Estudios, trabajo
Fallos más comunes y abundantes. Tentaciones que más molestan
Éxitos y superaciones
Amistades y ambiente más frecuente
Formas de descanso, deporte, diversión
Deseos de avance en la carrera de la santidad.

 

2º.- Dimensión vertical.-

Amor a Dios efectivo y afectivo
Jerarquía teórica y práctica de valores: ¡Dios por encima de todo y de todos! (Mt 6,33).
Pureza de intención: “Procurando hacer todo lo mejor posible, sólo por agradarle y con un amor siempre creciente”.
Confesión (frecuencia; examen; arrepentimiento; propósito). Corrección real de los fallos.
Misa y Comunión (frecuencia; preparación; participación; acción de gracias; vivencia; fruto).
Oración (cuánto tiempo; cuándo; dónde; preparación; tema; forma de hacerla; avance; dificultades que surgen y cómo se vencen; fruto).
Devoción a la Virgen.    Rosario
Formación espiritual (qué lectura; cuánto tiempo; con qué fruto; plan de lectura).
Examen de conciencia (cuánto tiempo; cómo se hago; con qué provecho).
Examen particular (materia; eficacia).
Confianza en Dios.
Obediencia (Director espiritual;  familia;  Jefes;  profesores; superiores; Normas de tráfico)
Pureza: TV; revistas; moda; espectáculos; amistades
Pobreza evangélica:      - desprendimiento espiritual, afectivo;  
                                    - desprendimiento material, efectivo.

3º.- Dimensión horizontal.-

Caridad (familia, amigos, necesitados): perdón; amabilidad, servicialidad; tiempo dedicado a ayudar a los demás.
Obras de Misericordia.
Apostolado (oraciones;  sacrificios;  testimonio valiente;  palabra;  catequesis;  personal o "alma-alma"; campañas).
Limosna

 

4º.- Dimensión interior.-

Cumplimiento del deber; puntualidad; honradez; orden; constancia.
Dominio propio; control y mejora del carácter; trato con los demás; serenidad; dulzura; paciencia; alegría.
Humildad; sencillez.
Aceptación de las cruces (molestias, enfermedades, soledad, incomprensión).
Abnegación (no buscar mi voluntad, sino sólo lo que Dios quiere, cuando lo quiere y como lo quiere)
Penitencias prescritas por la Iglesia (ayuno y abstinencia)
Sacrificios voluntarios: cuáles hago; cómo me aprovechan; cuáles quiero hacer.

 

5º.- Otras cosas.-

- Ideas, planes, proyectos, sugerencias.
- Preguntas, dudas.
- Permisos.

 

[Evidentemente, este esquema no es exhaustivo: cada cual debe completarlo con otras materias más personales]