LA OBEDIENCIA
Por Ángel María Rojas, S.J.
ÍNDICE
A) FUNDAMENTO DE LA OBEDIENCIA
1.ª- Fase: Dimensión natural.
2.ª- Fase: Orden roto por el pecado.
3.ª- Fase: Historia de salvación.
A) La entrada de Jesús en el mundo.
B) Vida oculta.
C) Vida pública.
D) Pasión.
B) OBEDIENCIA CRISTIANA
1.º- Signo de filiación divina.
2.º- Es el camino más seguro para la santidad.
3.º- Valor redentor.
4.º- Raíz de las demás virtudes.
5.º- Manifestación del amor.
6.º- Eficacia apostólica.
7.º- Señal de madurez, personalidad y libertad.
C) FORMAS DE OBEDIENCIA
Imperfecta.
Positiva:
1.- Ejecución.
2.- Voluntad.
3.- Entendimiento.
4.- Con espíritu de fe y amor.
A TRAVÉS DE LOS SUPERIORES
Dos problemas:
Representación.
¿Desobediencia licita? |
|
Hay virtudes y cualidades que hay son muy estimadas: la sinceridad, la valentía...
Otras no se aceptan tan fácilmente.
A la cabeza de éstas, juntamente con la humildad y el sacrificio, está la obediencia.
¿Por qué no se acepta?
Quizás porque parece algo pasivo, que recorta la personalidad, inhibe las virtudes activas, frena...
Merece la pena que meditemos sobre ello.
San Ignacio de Loyola
A) FUNDAMENTO DE LA OBEDIENCIA
1.ª- FASE: DIMENSION NATURAL
Dios no creó el universo anárquico, sino ordenado jerárquicamente.
Las criaturas que no son libres obedecen siempre a leyes físicas.
Baruq 3, 33-36: Dios “envía la luz, y ella va; El la llama, y temblorosa le obedece. Brillan los astros en su puesto de guardia llenos de alegría; Los llama El, y dicen: “¡aquí estamos!”, y lucen alegremente en honor del que los hizo”.
Los animales se guían por sus instintos y obedecen al padre, al jefe de manada, al más fuerte.
Las criaturas libres deben obedecer a una ley moral: La obediencia a los superiores es una obligación del orden natural.
El hombre no es un individuo aislado: Dios le inserta en una comunidad y le orienta hacia ella.
El bien común de la comunidad se garantiza por la obediencia a una autoridad.
Sin ajustar la propia voluntad a la autoridad, la vida social terminaría en la anarquía, y el individuo se arruinaría en la estrechez de su yo aislado.
2.ª- FASE: ORDEN ROTO POR EL PECADO
El hombre pecó. Ese primer pecado fue de desobediencia.
“Por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores” (Rom. 5,19).
La primera desobediencia del hombre introdujo en el mundo soberbia, egoísmo, vanidad, desorden, rebeldía, divisiones, envidias, celos, odios, guerras...
3.ª- FASE: HISTORIA DE SALVACIÓN
Dios quiere salvar al hombre, sanando con la obediencia el núcleo de su mal: la rebeldía, la desobediencia
Comienza llamando a Abraham, invitándole a una vida de obediencia confiada en Él.
Gn. 12,1 y 22,2 nos hablan de la respuesta dócil del Patriarca, que así se convierte en “el padre de nuestra fe” (Heb. 11).
Más de mil años después María inaugura el Nuevo Testamento con su generoso “Hágase”, que nace de la sumisión de la que se tiene como “Esclava del Señor”.
Llegada la plenitud de los tiempos, Dios se hace Hombre en Jesús.
- Cristo, “a pesar de tener forma de Dios, no reputó como botín el ser igual a Dios, antes se anonadó, tomando la forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres; y se humilló, haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz.” (Filip. 2; 6-8).
- “Como, por la desobediencia de un solo hombre, muchos se constituyeron en pecadores, así también, por la obediencia de uno, muchos se constituirán en justos”. (Rom. 5, 19)
Toda la vida de Jesús fue obediencia. Veámoslo
A) SU ENTRADA EN EL MUNIDO
El primer acto de Jesús, recién encarnado, es de oración obediencial. Concretamente el Salmo 40, tal como lo narra la Carta a los hebreos:
Ps. 40, 7-9
Ni sacrificio ni oblación querías
pero me has abierto el óido.
No pedías Holocausto ni víctima.
Entonces dije: Heme aquí, que vengo
Se me ha prescrito en el rollo del libro
hacer tu voluntad
Hb. 10, 1-10
“Al entrar en este mundo dice:
‘Sacrificio y oblación no quisiste;
pero me has formado un cuerpo.
Holocaustos y sacrificios por el pecado
no te agradaron.
Entonces dije: ¡He aquí que vengo
-pues de mí está escrito en el rollo del libro-
a hacer, oh Dios, tu voluntad!’“
Heb. 10.10:
“Y en virtud de esta voluntad somos santificados,
gracias a la oblación de una vez para siempre
del cuerpo de Jesucristo”.
B) VIDA OCULTA
Toda la vida oculta de Jesús es de continua obediencia al Padre a través de María y José. Tanto que San Lucas puede resumir esos 30 años en una frase: “Vivía sujeto a ellos” (2, 51).
Su oficio fue el de “Obediente”. Y no en actos sueltos, sino como estado constante, “haciéndose obediente hasta la muerte” (Filip. 2, 8).
Jesús obedece en su infancia, juventud y madurez.
En la edad del desarrollo humano, de las iniciativas, de la rebeldía juvenil, de la afirmación de la personalidad.
Como Dios podría hacer universos con un “Hágase”.
Como Hombre perfecto, con su ciencia creada, sabía cómo hacerlo mejor, humanamente hablando. Sin embargo, estará pendiente durante horas, días, años, de hacer toscamente sillas y arados.
Con su ciencia podría haber fundado Cooperativas y Sindicatos; podría haber “inventado” el trabajo en cadena, utensilios más eficaces...
Pero no viene a enseñarnos progreso científico o laboral, sino ¡a obedecer!
No se muestra como “Hombre perfecto” “autorrealizándose”, sino obedeciendo.
La obediencia es la más perfecta autorrealización.
C) VIDA PÚBLICA
Durante los años de su vida pública tiene como única meta hacer la voluntad del Padre, obedecerle:
“Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y cumplir su Obra” (Jn. 4, 34).
“He bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado”. (Jn. 6, 38).
“No busco mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado” (Jn. 5, 30).
“He cumplido la obra que tú me diste para que la hiciera” (Jn. 17, 4).
D) PASION
Finalmente, la Pasión es el no va más en su sumisión al Padre, haciendo su voluntad hasta la muerte:
“Se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte,
y muerte de cruz” (Filip. 2, 8).
Por eso podrá decir al morir:
“Todo está cumplido” (Jn. 19,30).

San Pedro
B) OBEDIENCIA CRISTIANA
El Nuevo testamento distingue entre los mundanos (“hijos rebeldes”: Ef. 2,2) y los buenos cristianos (“hijos de obediencia”: I Pe 1,14).
1.º- SIGNO DE FILIACION DIVINA
Por su obediencia, Jesús se revela como ¡HIJO DE DIOS!
Cuando Jesús habla sobre la obediencia aparecen los términos ‘Hijo-Padre’, porque El no obedece a un Amo arbitrario, sino a su querido Padre. Obedecer es la expresión espontánea de su intimidad única con el Padre.
La actitud eterna del Verbo, aún no encarnado es de sumisión del Padre: “El Verbo estaba vuelto hacia Dios.” (Jn. 1, 1).
Cuando se encarna, continúa esta misma actitud, pues se dice de Él: “El Hijo unigénito, que está vuelto hacia el seno del Padre...” (Jn. 1,18).
Por lo tanto, la obediencia de Jesús revela su filiación divina. ¡Y su Filiación divina es lo más grande de Jesús!
2.º- ES EL CAMINO MAS SEGURO PARA LA SANTIDAD
En el siglo III multitud de personas se iban al desierto, siguiendo a San Antonio, para vivir como monjes, eremitas solitarios.
Un siglo más tarde San Pacomio quiere evitar los peligros de la soledad eremítica: engaños, tristeza, orgullo, pereza, rarezas, extravagancias, etc. Además quiere tener el mayor sacrificio, que consiste en renunciar a la propia voluntad, en aras de la obediencia a un Superior. Por eso funda un nuevo género de monacato: el cenobio. En él los monjes obedecerán al Superior común: el Abad.
Poco a poco se va tornando conciencia de que la santidad no consiste en hacer cosas extravagantes, sino lo que Dios quiere que hagamos: Ef. 2, 10.
Es más importante someternos primero nosotros a Dios, -”ser hechos”- que preocuparnos de someter el mundo a Dios -”hacer”-.
“Nadie puede llegar a la vida eterna sino obedeciendo, y sin la obediencia nadie entrará en ella, porque su puerta fue abierta con la llave de la obediencia, y cerrada con la desobediencia de Adán” (Sta. Catalina de Siena: Diálogo V, 1).
“No hay camino que más pronto lleve a la suma perfección que el de la obediencia” (Sta. Teresa: Fundaciones 5, 10).
A una señora de comunión diaria, que no quería sujetarse a un confesor fijo, le dijo la misma Santa Teresa: “Más quisiera verla obedecer a una persona, que no tanta comunión” (Fund. 6,18).
Al preguntarle a San Juan de la Cruz cómo alcanzar la más alta oración mística, respondió: “Negando su voluntad y naciendo la de Dios; porque éxtasis no es otra cosa que un salir el alma de sí y arrebatarse en Dios; y esto hace el que obedece, que sale de sí y de su propio querer, y se anega en Dios” (Dichos 158).
3.º- VALOR REDENTOR
“La obediencia de Cristo constituye el núcleo esencial de la obra de la Redención” (Juan Pablo II: Redemptionis Donum 25-03-84, 13)
Lo que nos salvó no fue tanto los sufrimientos externos de Jesús, sino su aceptación por amor y obediencia al Padre.
“Por la obediencia de uno solo, todos serán constituidos justos”
(Rom. 5, 19).
Cristo “sufriendo, aprendió a obedecer… convirtiéndose en causa de salvación eterna” (Heb. 5, 8s).
El valor salvador de la vida de Jesús o de la nuestra no está en hacer muchas cosas, o muy llamativas, sino en hacer lo que Dios quiere.
La gloria que el Padre recibe por la obediencia de Jesús era inmensamente mayor que si Jesús hubiera hecho obras extraordinarias por su cuenta.
La “OBRA” es hacer la voluntad del Padre (Jn. 6,28s.).
Lo mismo vale para los religiosos:
“Por la profesión de la obediencia, los religiosos ofrecen a Dios, como sacrificio de sí mismos, la plena entrega de su voluntad, y por ello se unen más constante y plenamente a la voluntad salvífica de Dios” (PC 14).
4.º- RAIZ DE LAS DEMÁS VIRTUDES
Las demás virtudes tienen íntima relación con la obediencia:
Humildad:
“Es obediente el que es humilde, y humilde en la medida en que es obediente” (Sta. Catalina de Siena, Diálogo, V 1).
La obediencia es imposible para los soberbios, que se fían de sí mismos, de la lucidez de sus criterios, de su propia prudencia...
Sacrificio:
Para Santo Tomás, la obediencia es el mayor sacrificio, y el que más agrada a Dios, porque sacrifica el mayor bien: su voluntad. (S. Th. II-II, 104,3; 186,5 ad 5).
“La obediencia es el holocausto, en el cual el hombre todo entero, sin dividir nada de sí, se ofrece en el fuego de la caridad a su Creador y Señor por mano de sus ministros” (S. Ignacio de Loyola: Carta 83, 3).
Los demás sacrificios sólo resultan agradables a Dios sólo cuando expresan la obediencia:
I Sam. 15, 22: “¿Acaso se complace Yahvé en los holocaustos y sacrificios como en la obediencia a la palabra de Yahvé? Mejor es obedecer que sacrificar, mejor la docilidad que la grasa de los carneros.”
Sal 40,7-9: “Ni sacrificio ni oblación querías, pero me has abierto el oído; no pedías holocausto ni víctima, entonces dije: Heme aquí, que vengo… a hacer tu voluntad.”
“Todas las obras de las demás virtudes no son meritorias ante Dios sino cuando son hechas para obedecerle. Pues si uno padeciera hasta el martirio, o diera a los pobres todos sus bienes, si no lo ordenara al cumplimiento de la voluntad divina, lo cual directamente pertenece a la obediencia, no tendría ningún mérito: sería como si hiciera todo eso sin caridad; no puede haber caridad sin obediencia.” (Santo Tomás: II-II 1043).
“Más quiere Dios en ti el menor grado de obediencia y sujección, que todos esos servicios que le piensas hacer” (San Juan de la Cruz: Dichos, 13).
5.º- MANIFESTACIÓN DEL AMOR
El auténtico amor no se manifiesta en sentimentalismos pasajeros y vacíos, sino en nacer la voluntad de Dios:
“El que guarda mis mandamientos, ése es el que me ama” (Jn. 14, 21).
“Si alguno me ama, guardará mi Palabra...” (Jn. 14, 23).
“El que norme ama, no guarda mis palabras” (Jn. 14, 24).
“El mundo ha de saber que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado” (Jn. 14,31).
“Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor” (Jn. 15,10).
La obediencia es “la forma más adorable del amor, el último, el más alto, el más perfecto grado del amor; aquél en el que uno mismo cesa de existir y se aniquila y se muere, como Jesús murió en la cruz.” (P. Charles de Foucauld).
6.º- EFICACIA APOSTOLICA
El apostolado no es eficaz en función del movimiento, actividad, dinamismo, sino por la unión con el querer de Dios: “Sin Mí, no podéis hacer nada.” (Jn. 15, 5).
Los apóstoles, trabajando mucho, pero sin Jesús, no consiguen pescar. En cuanto llega Jesús, obedeciéndole, logran una pesca abundantísima (Jn. 21).
“Dios no necesita de nuestro trabajo, sino de nuestra obediencia” (San Juan Crisóstomo).
7.º- SEÑAL DE MADUREZ, PERSONALIDAD Y LIBERTAD
El adolescente, en plena crisis juvenil de personalidad, cree necesario sentir que obra por cuenta propia. Tiende a rebelarse para reafirmar su independencia.
¡Pero no es ésta la auténtica personalidad!
A veces se dice de una persona que “tiene mucha personalidad” o “carácter muy fuerte”. Suele significar, más bien, que hace la vida difícil a quienes les rodean. Propiamente suele ser mal carácter, personalidad débil, enfermiza.
Cristo, “Hombre perfecto” (GS 22), que encarna la auténtica personalidad, manifiesta y realiza su esencia obedeciendo.
La obediencia no le rebaja, sino que le manifiesta como Hijo de Dios.
La auténtica obediencia no irresponsabiliza. Más bien es al revés: lo que irresponsabiliza es la desobediencia, la rebelión inmadura.
La obediencia es actitud de la madurez intelectual y espiritual. Es más fácil para los que tienen una personalidad madura que para los de personalidad débil.
La obediencia no menoscaba la dignidad de la persona humana, sino que la hace madurar por la más amplia libertad de los hijos de Dios.
La obediencia “es una particular expresión de la libertad Interior, como una definitiva expresión de la libertad de Cristo fue su obediencia ‘hasta la muerte’: ‘Yo doy mi vida para tomarla de nuevo. Nadie me la quita, soy Yo quien la doy de mí mismo’ (Jn. 10, 17s)”. [Juan Pablo II: RD, 13].

Benedicto XVI
C) FORMAS DE OBEDIENCIA
IMPERFECTA
“Es señal de imperfección de espíritu y de flaqueza de voluntad examinar demasiado minuciosamente las órdenes de los superiores, dudar a cada orden que se nos da, pedir razón de todas las cosas, tener mala opinión de todos los preceptos cuyo motivo no se conoce, y no obedecer jamás con gusto, sino cuando lo que se nos ordena es conforme a nuestras inclinaciones, o cuando reconocemos que no sería útil ni permitido obrar de otra manera”. (San Bernardo: Del precepto y dispensa, 10, 23)
Cavilosa, retardada, Lacrimosa (acentuando lo que cuesta), Protestona
Obedeced “sin gemidos, que sería sin utilidad” (Heb. 13, 1T)
POSITIVA
El Concilio nos sugiere cuatro niveles de obediencia, cada cual mejor que la anterior, al hablar de la de los religiosos:
“Los religiosos, con espíritu de fe y amor a la voluntad de Dios, obedezcan humildemente a sus superiores, empleando las fuerzas de la inteligencia y voluntad, así como los dones de la naturaleza y de la gracia, en la ejecución de sus mandatos” (PC 14).
1.- Ejecución.
Mero hacer externo
Nos recuerda la parábola de los dos hijos enviados a la viña (Mt. 21,2831).
Suele tener como motivo algo tan superficial como el de que me miran o me pedirán cuentas de lo que hago.
San Benito: “La obediencia sólo será grata a Dios y dulce a los hombres cuando se ejecute lo mandado sin miedo, sin tardanza, sin frialdad, sin murmuración y sin protesta; porque la obediencia que se tributa a los superiores, se tributa al mismo Dios” (Regla 5, 14-15).
San Francisco de Asís: “Obedeced a la primera, y no esperéis a que se os mande por segunda vez.”
2.- Voluntad.
Adecuando la propia voluntad a la del superior. Paso del cumplimiento externo a la búsqueda de la voluntad de Dios.
“No busco mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado” (Jn. 5,30).
Sto. Tomás: la verdadera obediencia debe ser sobrenatural, interna, pronta, alegre, humilde, discreta. (II- I, 104 y 105; 108, a 5 y 8).
3.- Entendimiento.
Adecuando el propio entendimiento al del superior. Poniéndose en las razones y mentalidad del superior.
4.- “Con espíritu de fe y amor”.
Abarca las anteriores y va más allá.
No es obediencia “ciega”, pues se guía por una luz superior.
No se renuncia al ejercicio de entendimiento y voluntad: es un ejercicio superior.
Paso de instrumento pasivo a instrumento activo, libre.
La obediencia, como la fe, no es ‘razonable’, sino misteriosa y desconcertante.
Muchas órdenes no se pueden explicar con la razón.
A veces sólo se obedecerá como Abraham: “contra toda esperanza” (Rom. 4,18).
O como Jesús: sometiéndose a la muerte, y esperando la resurrección.
“La conciencia no es por sí sola el árbitro del valor moral de las acciones que inspira, sino que debe hacer referencia a normas objetivas y, si es necesario, reformarse y rectificarse.
Querer concluir, por el hecho de que una orden dada aparezca objetivamente menos buena, que es ilegítima y contraria a la conciencia, significaría desconocer, de manera poco real, la obscuridad y ambigüedad de no pocas realidades humanas.” (Pablo VI: Evangelica Testificatio, 29-04-71 n.º- 28).
La obediencia cristiana es muchas veces dolorosa, como la de Jesús, que “aprendió a obedecer sufriendo” (Heb. 5, 8).
“Decir que dejaremos nuestra voluntad en otra parece muy fácil, hasta que probándose se entiende que es la cosa más recia que se puede hacer, si se cumple como se ha de cumplir,” (Santa Teresa: C.P. 32, 5).
Pero es el camino seguro y acertado:
Es como una alianza con Dios: se compromete a guiarme a través del Superior
El superior puede equivocarse materialmente al mandar. Pero Dios, por encima de nuestros aciertos o equivocaciones humanas, lleva adelante su Plan. Escribe derecho con renglones torcidos.
Por eso, el súbdito nunca se equivoca al obedecer con fe.
“El que obedece en espíritu de fe no se equivoca jamás y permanece en el camino por donde el Señor quiere que vaya. En cambio, el que se rebela y no obedece, se pone automáticamente fuera del camino donde le quiere el Señor” (Sda. Congregación de Religiosos).
A TRAVÉS DE LOS SUPERIORES
A Jesús el Padre a veces le manifiesta directamente su voluntad.
Pero normalmente lo hace por otros hombres (María, José, Caifás, Pilato, verdugos...)
S. Bernardo: “¿Qué importa que Dios nos manifieste su voluntad por sí mismo, por ángeles o por hombres?”
Tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo se ve a Dios en el superior:
Ex 16, 8: “Vuestras murmuraciones no van contra nosotros, sino contra Yahvé”.
Lc. 10, 16: “Quien a vosotros escucha, a mí me escucha; quien os rechaza a vosotros, a mí me rechaza”.
San Ignacio: Hay que obedecer “no mirando nunca la persona a quien se obedece, sino en ella a Cristo nuestro Señor, por quien se obedece. Pues no porque sea el superior muy prudente, ni porque sea muy bueno, ni porque sea muy cualificado en cualesquiera dones de Dios nuestro Señor, sino porque tiene sus veces y autoridad debe ser obedecido” (Carta 83,1-2).
S. Benito: “La obediencia que se da a los mayores, a Dios se da” (Regla, V).
Sta. Teresa: “Estate siempre preparado al cumplimiento de la obediencia, como si te lo mandase Jesucristo en tu prior o prelado” (Avisos, 2, 6).
LG 14a: “Los religiosos se someten, en fe, a los superiores, que hacen las veces de Dios.”
CDC 601: “El consejo evangélico de obediencia, abrazado con espíritu de fe y de amor en el seguimiento de Cristo, obediente hasta la muerte, obliga a someter la propia voluntad a los Superiores legítimos, que hacen las veces de Dios, cuando mandan algo según las constituciones propias.”
Por lo tanto, la obediencia al superior no se basa en motivos humanos, necesidad de orden, disciplina de grupo, valor del superior (ciencia, prestigio...).
El superior no es el representante de la comunidad, sino de Dios. La obediencia no es de abajo arriba, sino de arriba a abajo.
Los hijos tienen que obedecer a los padres: Col 3,20:
“Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que esto es grato al Señor” (Ex 20, 12; Dt. 5, 16; 21,13-21).
Ef. 6, 1: “Hijos, obedeced a vuestros padres en el Señor, porque es justo.”
Los jóvenes: 1 Pe 5,5: “Vosotros, los jóvenes, someteos a los ancianos; revestíos todos de humildad en vuestras mutuas relaciones, que ‘Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes’” (Cfr. 1 Tim. 5,1s).
Los criados: “Esclavos, obedeced a vuestros amos de este mundo con respeto y temor, con sencillez de corazón, como a Cristo, como quien sirve al Señor y no a los hombres” (Ef. 6, 5-8; Cfr. 1 Pe 2,18; Col 3, 22ss; I Tim 6,1-2).
Los fieles a los pastores: Heb. 13,17: “Obedeced a vuestros pastores y estadles sumisos, que ellos velan sobre vuestras almas.” (Dt. 17, 14-18.22; I Tes. 5, 12s).
DOS PROBLEMAS
Cuando el superior manda algo, ¿hay que obedecer siempre, aunque yo vea que no es correcto lo que manda?.
1.º- El súbdito tiene, no sólo el derecho sino también el deber de representar con humildad, serenidad y objetivamente al superior las razones que existen en contra de la orden dada.
Si el superior rectifica la orden, ya no hay problema.
Si insiste en ella -excepto si se da el caso 2.º- existe obligación de obedecer.
2.º- Si consta que lo mandado es “clarísimamente” contra la voluntad de Dios, no se puede obedecer esa orden. Y “clarísimos” son los casos en que ordena una persona que no tiene autoridad legítima o que manda algo contrario a la Ley de Dios o a las Constituciones de un Instituto religioso.
Los Apóstoles Pedro y Pablo desobedecieron al Sanedrín judío, que les prohibía predicar a Jesús. (Act. 4, 19; 5,29).
Lo mismo Santa Juana de Arco ante el Tribunal eclesiástico
Podríamos poner muchos casos en la historia de la Iglesia, pero creo que más conveniente que conocer casos es tener muy clara la doctrina de la Iglesia al respecto.
Pablo VI: Hay que obedecer siempre, “hecha la excepción de una orden que fuese manifiestamente contraria a las leyes de Dios o a las constituciones del Instituto -en cuyo caso no existe la obligación de obedecer-.” (Evangelica Testificatio, 29-IV-T1, n.º 28).
Sda. Congregación de Religiosos: Hay que obedecer siempre, “excepto en el caso en que aparece claramente que la autoridad manda una cosa en contra de la ley moral o las Reglas del Instituto”.
San Roberto Belarmino: “Según la doctrina común, para que alguien no esté obligado a obedecer, es preciso que el abuso de poder del superior sea cierto, notorio, y en cosa esencial”.
CDC 601: “El consejo evangélico de obediencia, obliga a someter la propia voluntad a los Superiores legítimos que hacen las veces de Dios, cuando mandan algo según las constituciones propias.”.