¿Qué es para ti un sacerdote?
Un joven recibió la llamada de Dios al sacerdocio. Después de unas semanas, decidió irse al seminario. Una vez allí, dedicó su tiempo a estudiar y a profundizar en su vida espiritual. Pasados los años de estudio, llegó el momento deseado: se iba a ordenar sacerdote. Estaba cumpliendo lo que Dios quería de él desde antes de nacer.
Un sacerdote es una persona que, sintiendo la llamada de Dios, deja todo a un lado para seguirle. Un sacerdote es un alma especialmente escogida por Dios para entregarse a Él y a los demás completamente. Igual que Dios llama a un joven a seguirle, Jesús llamó a los apóstoles, les pidió que le siguieran y les dijo que les convertiría en pescadores de hombres.
Más tarde, este sacerdote celebró su primera Misa. El cielo se abre y el sacerdote le ofrece al Padre su Hijo, como víctima por los pecados del mundo.
Este joven ya no era el mismo que hace unos años, ahora era Cristo en la tierra.
Comenzó su ministerio en una parroquia sencilla. Allí ofrecía la Misa todos los días, pasaba mucho tiempo en el confesionario, predicaba…
El sacerdocio es la vocación más grande que existe, ya que en el momento de la consagración, Dios mismo obedece al sacerdote y baja al altar en las sustancias de pan y de vino. Esto quiere decir que sin sacerdotes no estaría Jesucristo en la tierra y no podríamos recibirle.
La misión de un sacerdote es ser Cristo en la tierra, es decir, sufrir, amar, predicar, confesar y hacer todo lo que implica ser un sacerdote, con Cristo. Cuando un sacerdote confiesa a alguien, ya no es él quien está sentado detrás de la reja del confesionario, sino el mismo Jesús que te oye y te perdona.
Vivía en un país en el que la religión estaba siendo atacada. Ya eran varios los sacerdotes y monjas que estaban en la cárcel. Este sacerdote no temía a la gente que miraba con odio a la Iglesia, hasta el punto de que iba a los barrios donde vivía la mayor parte de esta gente para predicarles el evangelio e invitarles a que se conviertan. Algunas personas, atraídas por este sacerdote joven, entusiasmado por su fe, se fueron acercando a la Iglesia, hasta que muchos creyeron.
Un sacerdote que vive en la presencia de Dios y que realmente está viviendo su sacerdocio con Cristo, es un haz de luz en un mundo de tinieblas, porque trae la luz del Evangelio a todos los corazones. Estos corazones pueden estar abiertos y recibir a Dios; o cerrados, y, al entrar la luz, se cierran todavía más.
Pero otros cada vez sentían más odio por él. Su sonrisa les rechinaba y no soportaban sus palabras. Estos molestaban al sacerdote cada vez más, gritándole e insultándole cada vez que hablaba en público y hasta, a veces, le tiraban cosas. El sacerdote no dejó por esto de predicar y, al contrario, hablaba con más fuerza y autoridad que antes.
Un día frío, al atardecer, después de cerrar la Iglesia, y en camino a visitar a un enfermo de la parroquia, unos hombres se deslizaron detrás de él. Le siguieron hasta el barrio donde vivía este enfermo, que era un barrio alejado, pobre y solitario, y le dieron alcance. Se abalanzaron sobre él, le pegaron en la cabeza un golpe violento, dejándole inconsciente, y le metieron atado en el capó de un coche que estaba esperando cerca de ahí. Condujeron hasta la mitad de un puente y pararon. Sacaron al sacerdote brutalmente del coche, le pegaron una y otra vez con palos, le ataron a los pies y al cuello unas piedras que había allí mientras se burlaban de él y le insultaban.
“Me acorrala un tropel de novillos, me cercan toros de Basán;
abren contra mí las fauces leones que descuartizan y rugen.”Salmo 21
El sacerdote, sangrando abundantemente por sus heridas, permanecía callado, aceptando los maltratos y ultrajes que estaba recibiendo por Cristo.
“Me acorrala una jauría de mastines, me cerca una banda de malhechores” Salmo 21
“Como cordero manso será llevado al matadero” salmos
Después de esto, le cogieron por las extremidades y, entre risas y blasfemias, le tiraron por encima del muro al río que transcurría por debajo del puente.
Silencio… Oscuridad; Pánico; Paz; Cristo está… Agonía; “Jesús, confío en Ti”.
“Preciosa es a los ojos del Señor la muerte de sus fieles.”Salmo 116 verso 15-16
Nueva vida. Conversiones, vocaciones. Una Iglesia más fuerte.
El alma de este sacerdote está gozando de la visión de Dios, está entre los santos, los ángeles, los arcángeles, y ya está en la gloria que no termina. Ha luchado bien en su vida y ha recibido su recompensa. Así ha de ser la vida de todo sacerdote, sacrificada hasta entregar la vida.
Desde la venida de Jesús al mundo, el sacerdote ya no ofrece un animal como sacrificio.
El sacrificio es él mismo: él es la víctima.
Íñigo Lowe.