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"No me quieres mirar, porque sospechas que tengo de rencores llena el alma.
Piensas que las injurias de aquel día las llevo aquí guardadas.
¿Sabes tú lo que dura lo que escriben los niños en la arena de la playa?
Mírame bien.
Las olas del olvido también entran cantando por mi alma,
y al retirarse el mar queda la arena tersa, esponjosa, blanca,
para que escribas tú lo que quieras.
Ven sin miedo a mi playa."
Si tu barca es vieja, Jesús la escogió.
La prefiere a otras, mejores quizás.
Si amenaza hundirse, El ya lo sabía,
y es El quien la guía a puerto de paz.
¿No ves que es el mismo que tanto te amaba,
el que te ha cuidado con inmenso amor?
Si El es el que nunca te ha desamparado,
cuando tú le huías, cuando le has dejado,
el que tantas veces te libró del mar,
¿cómo ha de dejarte, ahora que el sol brilla,
ahora que tu barca ya llega a la orilla,
ahora que es ya tiempo de desembarcar?
P. Ramón Cué
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“Dios mío, estoy tan convencido de que velas sobre todos los que esperan en ti, y de que no puede faltar cosa alguna a quien aguarda de ti todas las cosas, que he decidido vivir de ahora en adelante sin ninguna preocupación, descargando en ti todas mis inquietudes.
Aunque los hombres me despojen de los bienes y de la honra, aunque las enfermedades me priven de las fuerzas y facultades para servirte, aunque yo mismo pierda tu gracia pecando, no por eso perderé la esperanza: la conservaré hasta el último suspiro de mi vida, y serán inútiles los esfuerzos de todos los demonios del infierno para arrancármela.
Que otros esperen la felicidad de sus riquezas o de sus talentos. Que se apoyen en la inocencia de su vida, en la aspereza de sus penitencias, en la multitud de sus limosnas o en el fervor de sus oraciones. En cuanto a mí, Señor, toda mi confianza se funda en mi misma confianza.
Confianza semejante jamás ha engañado a nadie: “Nadie esperó en el Señor y quedó confundido” (Sir 2,10).
Así pues, estoy seguro de que seré eternamente bienaventurado, porque espero firmemente serlo, y porque eres Tú, Dios mío, de quien lo espero.
Demasiado conozco que soy frágil e inconstante. Sé cuánto pueden las tentaciones contra las virtudes más robustas. He visto caer las estrellas del cielo y las columnas del firmamento. Pero nada de eso logra acobardarme. Mientras yo espere, estoy a salvo de toda desgracia. Y estoy cierto de que siempre esperaré, porque espero también esta esperanza invariable.
Por fin, estoy seguro de que nunca esperaré demasiado de ti, y que nunca tendré menos de lo que haya esperando de ti.
Por tanto, espero que me sostendrás firme en los riesgos más inminentes, me defenderás en medio de los ataques más furiosos, y harás que mi flaqueza triunfe de los enemigos más terribles.
Espero que siempre me amarás, y que yo también te amaré sin interrupción.
Y para llevar mi esperanza tan lejos como sea posible, te espero a ti mismo, de ti mismo, oh Creador mío, para el tiempo y la eternidad.Amén.”
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